La democracia que espera

Vladimir Ramírez

Democracia: es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística.

Jorge Luis Borges

Suponer vivir en democracia, suele ser en ocasiones paradójico y a veces inexplicable. Sobre todo entender lo que en ella acontece en sus días de entusiasta gestación social. En la experiencia mexicana se pueden encontrar historias muy disímbolas y a la vez muy parecidas. Hombres y mujeres, aunque más de hombres que de mujeres por el momento, emerge y desaparece en los recientes y a veces convulsos episodios del sistema político mexicano.

Desde las añoradas décadas de la democracia de un sólo partido, hasta la caída del sistema presidencialista, el ciudadano común de este país, el que acude y decide en las urnas, ha sido partícipe, espectador y víctima de los acontecimientos protagonizados por una añeja clase política corporativizada en su antiguo régimen y pluripartidista en su renovada generación de políticos en este ya encaminado siglo 21.

El aprendizaje nacional entre dos siglos y poco más de dos décadas, resultó ser una enseñanza muy ilustrada y con excesiva claridad sobre lo que representa para las y los mexicanos la democracia y las elecciones.

A final de la década de los 80 y durante los 90, la lucha cívica por democratizar los procesos electorales y las aspiraciones de la alternancia política, era parte de los principales impulsos que movilizaron a la ciudadanía para ir votar. Había una firme convicción sobre los beneficio de sustituir al PRI en la presidencia de la república. Se pensaba que los grandes problemas sociales del país encontrarían solución con el simple hecho de quitar al PRI el control político en los diferentes niveles de gobierno. El cambio y la promesa de combatir la corrupción y los privilegios desde el ejecutivo federal, fueron para finales del siglo 20 el pensamiento colectivo que prevaleció como el más fuerte estímulo para creer que el sufragio tendría finalmente utilidad social en favor de las mayorías.

El nuevo siglo inaugura en México la alternancia en el poder. La competencia electoral se vuelve entonces el hecho social que interpreta a la democracia y a los procesos electorales. Las nuevas reglas para la pluralidad se vuelven el motivo principal de la alternancia del poder, y a su vez la política se revierte como el instrumento de control para establecer las condiciones sociales y legales de una partidocracia. Lo político y las instituciones públicas se asumen como la negociación de los intereses partidarios y la antigua relación entre los partidos y los sectores sociales prácticamente se dispersa.

Después de la caída del viejo sistema político priista y de la experiencia de dos encabezados por el Partido Acción Nacional, las aspiraciones de una verdadera utilidad social y colectiva de la democracia quedaron pendientes, los anhelos de un mejor país y de las promesas de una nación con mayores índices de civilidad y progreso, aún se sortean en la discusión de los intereses ubicados en una clase política y empresarial deshonesta y corrupta que lucha para seguir beneficiándose de las prerrogativas que le reditúa el poder de lo político.

A la fecha, la ciudadanía permanece como el principal insumo de las elecciones, esa parte indispensable para legitimar el uso del poder de la representación popular y el presupuesto público. Procesos electorales que mantienen viva la parafernalia liberal y justiciera de los partidos políticos en nombre de la democracia. Una democracia que no termina por rendir buenas cuentas al común de las y los ciudadanos.

Este 2015 emprende nuevos procesos electorales con candidaturas independientes,  nueva forma de participación política y electoral como resultado de un evidente fracaso del sistema de partido en México. Lo mismo ocurre en diversas entidades del país con el surgimiento de partidos locales que aglutinan la demanda de sectores sociales e intereses muy particulares y localizados.

Le democracia pierde sentido en tanto no representa los cambios que se esperaban después de cada elección.

Es muy probable que el nivel de abstención tenga un aumento sin precedentes en los estados donde se eligen diputados federales este próximo 7 de junio.

Los motivos para salir a votar tiene cada vez menos razones y el electorado deja de creer en el beneficio social de las elecciones.

vraldapa@hotmail.com

Written by r00t

(Visited 52 times, 1 visits today)

1 comentario

  1. Fabian Rodrigo Rodelo

    Maravillosa aportación al pensamiento de la mayoría inconforme con nuestro sistema político y una falacia por democracia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *