Candidaturas independientes habemus

Candidaturas independientes habemus

Ronaldo González Valdés

Qué bien que las candidaturas independientes estén ya aquí, qué bien que hayan llegado para quedarse. Pero no exageremos: 86 aspirantes independientes a la presidencia de la república, eso sí parece un poco excesivo. Candidaturas independientes por aquí y por allá. Aspirantes que hace unas semanas eran militantes y dirigentes de partidos. Aspirantes que comulgan radicalmente con una ideología (neozapatistas, neoliberales, premodernos, posmodernos, preposantemodernos), algunos abiertamente ligados a poderes fácticos de diferente tipo, otros meros ocurrentes que quieren ejercer el derecho a la fama warholiana, flamantes gobernadores de estados en funciones: candidaturas independientes habemus.

Se entiende que la consagración de esta figura tiene que ver con el hartazgo con los partidos. Eso está bien, hay que oxigenar la atmósfera de las elecciones. Pero no nos vayamos de paso. Es una falacia afirmar que las candidaturas independientes son para los ciudadanos y no para los políticos. Cada vez más está claro que la división entre ciudadanos y políticos, por lo menos en el terreno electoral, es tributaria de un cierto maniqueísmo. Candidato independiente igual a ciudadano, candidato de partido igual a político, esa es una falsa distinción. Los ciudadanos que se postulan como candidatos independientes están haciendo política, son políticos, juegan sus cartas en el sistema político.

Todavía más, otra virtuosa promesa de las candidaturas independientes, que tendría que ver, según esto, con que su impacto obligaría a los partidos a ser más democráticos internamente y a revisar sus procesos de nominación de candidatos, no se ha cumplido, ni se cumplirá. Morena sigue designándolos con arreglo a los resultados de encuestas poco claras y dentro de poco volverá al sistema de tómbola o lotería, el PAN decidirá por un mecanismo que se acordará entre las dirigencias que conforman el Frente integrado con el PRD y el MC, el PRI postulará por aclamación a José Antonio Meade.

Muchas otras pretendidas virtudes de las candidaturas independientes seguirán sin actualizarse: más allá de que es casi seguro que habrá dos candidatas independientes a la presidencia, Margarita Zavala y Marichuy Patricio Martínez (curiosamente candidata independiente del EZLN), lo cierto es que ninguna tiene la menor oportunidad de triunfo. Pueden ser determinantes, eso sí, en el veredicto final de las urnas, inclinando la balanza hacia el PRI o hacia Morena, según se presenten las circunstancias. Ganarán algunos candidatos independientes, quizá alguna senaduría, muy probablemente algunas diputaciones, pero es de dudarse que alguno de ellos sea mujer. En los primeros comicios en los que participaron candidatos independientes, el 7 de junio de 2015, la gran mayoría de quienes lograron su registro como candidatos fueron hombres (88%), mientras que todos los que alcanzaron un triunfo (incluyendo, además de la gubernatura de El Bronco y la diputación federal de Clouthier, un diputado local y tres presidentes municipales) fueron hombres.

Ni tan entusiasmados, ni tan temerosos. Candidaturas independientes habemus. Esperemos a conocer los resultados electorales en lo referido a dispersión del voto, fragmentación social o sano pluralismo, promoción de la equidad de género, compromisos con poderes fácticos o con la ciudadanía (el “pueblo bueno” ya está con AMLO, dicen). Candidaturas independientes habemus.

@RonaldoGonVa

 

Written by Yuvel Castro

(Visited 28 times, 1 visits today)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *