Adrián García Cortés: Mínimo adiós a un maestro

Ronaldo González Valdés

(A propósito de la aparición del próximo número de Aldea 21, dedicado a la ciudad, ofrezco en esta colaboración de Ágora una breve semblanza de uno de los cronistas más queridos y admirados de nuestro semitrópico culichi).

“Nací con la crónica ya metida en el alma”, decía Don Adrián García Cortés. Con su fallecimiento perdemos a uno de los últimos miembros de una generación cultural que animó toda la segunda mitad de nuestro siglo veinte. Ave rara en esa generación, don Adrián recorrió la legua en México y el mundo, fue por eso, acaso, el cronista más cosmopolita que Sinaloa alumbró. Estudió la historia de su terruño desde el alto mirador universal, pero igual lo hizo con los pueblos indígenas como los huicholes, nuestras ciudades y su despliegue urbano, las instituciones nacionales como el IMSS, los personajes de nuestra vida política y social moderna y, desde luego, una de sus grandes pasiones: el periodismo.

Antes de él, el ojo del cronista traía la pura iluminación del semitrópico nuestro de cada día. Paradójicamente, por lo mismo, siendo el extraordinario cronista que fue, desbrozó el camino a una historiografía menos cronística, más ligada al mundo y a la idea del hecho histórico como hecho significativo y no como mero significante de una escritura llana y plana, apenas organizada en el tiempo.

Su trabajo en pos de la recuperación y preservación de nuestra historia documental no tiene parangón en la región (aunque don Antonio Nakayama lo iniciara en el terreno de la recuperación física y de un primer ordenamiento, fue don Adrián quien insistió en la preservación más organizada, normada y con los más rigurosos criterios de la  archivística profesional). Hombre terco, pero de una terquedad con propósito, con sentido.  Su obra, el Palacio de la Memoria en Culiacán, seguirá llevando su nombre con orgullo, y ahí está una tarea para las asociaciones sinaloenses de cronistas e historiadores: mantener ese legado suyo activo y productivo. Por legiones se cuentan los cronistas y jóvenes historiadores que abrevaron de su erudición, su experiencia y sapiencia archivística. También esa le debemos a don Adrián.

Como buen cronista, fue un cultivador consecuentísimo del periodismo narrativo mucho antes de que se convirtiera en una moda; en ese género se prodigó con maestría en entregas diarias y semanales, y en enseñanzas desprendidas para varias generaciones de aporreadores de teclas aquí, en México y en España.

De ahí, quizás, su convicción de que el mejor periodismo es el impreso, los otros “son puras notas de imagen, imagen de chispazos de notas. Lo que tiene el gran auditorio es que no piensa, actúa por insinuación, y el lector del medio impreso piensa un poco más”, decía en la última entrevista que concedió al diario Noroeste (17 de julio de 2010), en el cual terminó sus días publicando cada semana su columna “Tropos”. Hombre de su tiempo, García Cortés pensaba tal vez, en este sentido, como Pierre Vilar, que el historiador se reconoce por la manera en que lee el periódico.

Su crónica-reportaje de la quema del palacio municipal en Culiacán, con motivo del conflicto poselectoral de noviembre de 1989 entre panistas y priistas, queda, justamente, para la historia política de la región.  Queda para ser escudriñado, en la perspectiva de la que habla Henri Marrou, por la mirada del historiador.

Tuve el honor de ser objeto de sus comentarios. Todavía me entusiasma saber que en más de alguno de mis textos, recibí la aquiescencia sabia del erudito sinaloense. Recuerdo su activismo febril y siempre fecundo, aún en sus últimos días cuando con el regidor del Cabildo de Culiacán, profesor Raúl Gasca Cervantes, lo atendíamos, a él siempre impaciente con lo que debía ser impaciente, para empujar la promulgación de la Ley General de Archivos y reformar el Reglamento de Archivos Municipales.

Como ocurre con las estrellas que colapsan en el espacio sideral, don Adrián García Cortés ha dejado de existir físicamente, pero su luz seguirá iluminando el firmamento de la cultura sinaloense por mucho tiempo.  Hasta siempre, patriarca de la crónica, hasta siempre maestro de la crónica del Noroeste de México.

Written by Redacción