Margarita, los riesgos del Frente y Meade

 

Ronaldo González Valdés

Tal y como se está configurando el escenario para el 2018, cada vez quedan menos dudas: el candidato del PRI y sus eventuales aliados será José Antonio Meade. La salida de Margarita Zavala del PAN tendrá un doble efecto. Uno inmediato al interior del Frente Ciudadano por México, pues le pegará fuerte a la, hasta hoy casi segura, aspiración de Ricardo Anaya a la candidatura presidencial. Ya veremos qué tanto la exposición pública tan polémica a que se ha visto sometido, afectará su posicionamiento en las próximas encuestas. En todo caso, sigue siendo muy posible que él sea el candidato del Frente, pero ya no será el mismo candidato. Y en última instancia, la pervivencia de la coalición misma, ya con registro para los comicios, puede quedar comprometida: creo que eso lo tiene muy claro Miguel Ángel Mancera, un político cuya imagen ha crecido significativamente por su desempeño en la capital del país después de la tragedia sísmica. Acá todavía quedan cosas por ocurrir.

Otra consecuencia de la salida de Margarita Zavala será de mediano plazo. Digamos que su ya segura aparición en las boletas electorales, restará votos, sin duda, al candidato del Frente (si éste no se derrumba en el camino), y más todavía si es panista, y más aún si es Ricardo Anaya. Margarita no ganará las elecciones, pero sí será determinante en sus resultados. ¿Qué porcentaje les gusta que obtenga? ¿Un 8, un 10 por ciento de la votación? ¿De dónde provendrán esos votos? No del voto tradicional priista, eso es seguro. No del virtual voto lopezobradorista. ¿De dónde? Del voto “blando”, no el “duro” quizá, pero sí el voto proclive al panismo.

Con la salida de Zavala, es casi seguro que organizaciones como el PANAL desistan de sus intenciones declaradas de sumarse al Frente integrado por PAN, PRD y MC. En realidad, es este un hecho que mueve escenarios aparentemente ya configurados. López Obrador y Morena han estado sosegados; después del sismo, no salieron bien parados de la insensata puja desatada por el tema del financiamiento público de los partidos, como tampoco lo hicieron con las indagatorias que descubrieron presuntas anomalías en el trabajo de su virtual candidata al gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, como jefa delegacional en Tlalpan.

En principio, el más beneficiado con todo esto puede ser el PRI que, de acuerdo al curso que han tomado los acontecimientos, estará cada vez más cerca de postular un candidato no tradicional, con un perfil distinto al del priista tradicional, esa figura no puede ser otra, en estos momentos, que José Antonio Meade, un personaje que concita simpatías del sector privado y de franjas de potenciales electores panistas. En esto también el proceso electoral del 2018 puede marcar una pauta inédita en la historia política de México: el PRI lanzando a un candidato presidencial no priista, algo inimaginable hace apenas unos meses. Y a como pintan las cosas, con probabilidades de triunfar en los comicios del 1 de julio del próximo año. De entrada, con posibilidades de iniciar el proceso, contra lo que recientemente se pensaba, por encima del candidato panista y cerca de López Obrador.

Nada es seguro. Falta mucha agua por correr bajo los puentes: la multiplicación de intenciones presidenciales de los precandidatos independientes, por ejemplo, puede menguar un poco las posibilidades de López Obrador, pero sólo un poco. Hasta ahorita el PRI sale ganando con la reconfiguración inmediata del escenario, lo que ahora mismo no significa más que el fortalecimiento súbito de las aspiraciones de Meade. Sólo eso hasta el momento, aunque eso puede luego ser mucho.

Written by Redacción