El inicio de una amistad

Gilberto Gutiérrez

Juliancito nació pequeño, más pequeño que un niño normal, su padre les abandonó cuando él apenas era un bebé que cabía en una caja de zapatos, no por ello dejó de ser un niño normal, corría, jugaba y preguntaba todo como los niños normales. Su madre a quien apodaban la madre soltera, era una profesional del ramo del trabajo social. Bella, culta y educada pronto pudo conseguir un buen trabajo en el IMSS a donde se llevaba a Juliacito a la guardería cuando era un bebé. De su padre nunca se supo nada, hay quienes dicen que era un renombrado narcotraficante, otros que era un encumbrado médico del seguro social y otros que decían que era un simple diablo metido en las drogas que huyó para Tijuana por unas deudas de cristal. Lo cierto es que gracias al tesón y cariño de su madre luchona al Yuly nunca le faltó nada y cuando llegó el momento de entrar al kinder y la primaria pudo estudiar en un buen colegio, no en el mejor como ella hubiese querido pero si en uno de buen nivel y ubicado en el centro de la ciudad en donde podía pasar por él su abuela y llevarlo a casa en el camión. Por su pequeño tamaño se volvió un niño retraído y un tanto solitario, se refugiaba en los libros y en sus juegos de la tablet. Le gustaba mucho jugar ajedrez y en verano entró a la biblioteca a un curso en donde quedó campeón de su categoría. Sus festejos de cumpleaños siempre fueron muy íntimos entre él, su madre y su abuela o lo llevaban a las pizzas, al Burguer King o al Mcdonalds cada que cumplía años, pero su madre la había prometido que cuando cumpliese 10 años le haría una gran fiesta para que invitara a todos su compañeritos del colegio y eso a Juliancito lo entusiasmaba, al grado tal que desde un año antes iniciaron los preparativos, primero visitaron locales de fiestas para apartar uno y como sería a finales del mes de agosto decidieron que sería en uno con alberca por el calor, escogieron uno pequeño y cercano al colegio para que todos se ubicaran. Después discutieron sobre el tema del que sería el festejo, la madre le sugirió que de Tomás y sus amigos, la abuela que del Chavo y él al final escogió de los Power Rangers que eran sus preferidos. La piñata, los vasos, platos y hasta servilletas tenían la imagen de sus personajes favoritos. Repartió invitaciones a los compañeros que recién habían entrado a clases y llegado el día se vistió de Power Ranger junto a su madre que también portaba su atuendo, que aunque se sentía ridícula también se sentía contenta por la felicidad que irradiaba el pequeño Yuly. Se helaron los refrescos, acomodaron al de los tacos a vapor que se iban a repartir junto al agua de horchata, colgaron las piñatas, la de bombas la dejaron guardada para el final, y se sentaron a esperar a los invitados. Llegaron las 4 y las 5 y nada. A las 5 y 25 llegó Miguelito vestido de spider man que era el único disfraz que tenía, sólo a ese niño había invitado de su colonia porque habían asistido juntos al curso de ajedrez. A las 5 30 llegó Paulito su mejor y único amigo del colegio a quien le preguntó que si no sabía porqué no habían llegado los demás compañeros de la escuela. -Pues qué no sabes Julián que hoy es el cumpleaños del Brayan y todos se fueron para allá. El Brayan era el niño más popular del colegio, estrella del equipo de basket ball, integrante de la escolta y por si fuera poco hijo del candidato a la presidencia municipal del pueblo. El niño se quedó por un momento callado, a su madre se le rodaban las lágrimas y su abuela fingía una enorme sonrisa. Volteó a ver a todos los pocos presentes y dijo: No importa, ya estoy acostumbrado, vamos jugando nosotros que al cabos como dice el señor de la tienda, entre menos burros más olotes. Y se divirtieron como enanos con pistolas de agua que hasta al de los tacos del chavo mojaron, y desde entonces a la fecha son los mejores amigos y se hacen llamar los tres mosqueteros…