La noche de los Panchos

Gilberto Gutiérrez

A ti que te gusta contar historias te voy a contar una verídica para que te la avientes. Échala pués que yo la contaré. Y aquí va lo que escuché ahora que es día del Pancho: Yo me casé ya grandesito, así como tu después de los 30, para ser exactos a los 33 como la edad de Cristo, me la daba de muy muy, tenía buen trabajo en la fábrica, buen carro, casa propia que me habían dejado mis padres cuando se fueron a vivir al otro lado con mi hermano. En la fábrica conocí a la Susy, que trabajaba en el departamento de contabilidad , acababa de salir ella del Tecnológico, estaba tiernita, imagínate había tenido un solo novio en toda su vida y eran novios de esos de los que se conocieron en el coro de la iglesia, pura manita sudada. El morro de la misma edad que ella, iba y la esperaba a la salida de la fábrica en un bochito que para acabarla de amolar, era de su papá, él había estudiado computación pero como no quería salir de aquí trabajaba en un ciber donde aparte arreglaban computadoras pero pos no ganaba nada el pobre. Cuando les pasaba por un lado en el mustang hasta me saludaba y se le iban los ojitos y a mi también, pero con la Susy. No me vas a creer cabrón pero un día nos llegaron con la noticia de que se había matado el plebe en un accidente de camión Norte de Sonora yendo para Tijuana a donde iba a una entrevista a una maquiladora que le había recomendado un amigo de su generación que ya estaba allá, nombre bato sentí bien gacho creo que esa fue la primera vez que abracé a la Susy, en ese velorio cuando le di el pésame allá en la funeraria Robles. Estaba en la cocinita cuando yo llegué, sentí tan bonito y a la vez tan triste, ella como que se acurrucó, tiempo después me dijo que la había reconfortado mi perfume y el abrazo, que locas son las morras. Desde ese día como que nos hicimos más amigos pues fui el único de los de ingeniería de la fábrica que fue el velorio , lo demás eran todos sus compañeros de conta y administración. A los pocos días le empecé a dar raite a su casa y su mamá fue la que un día le dijo que me invitara a comer un fin de semana a su casa para agradecerme, se me hace que ella fue la que me echó el ojo. Yo le dije que mejor las invitaba yo a comer al Maviri a ella, su mamá y su hermana, que le hacía falta salir, despejarse, tenía ya casi medio año yendo nomas a la iglesia y una vez por semana al panteón, cosa que yo respetaba pero cada vez nos hacíamos más que amigos y ya me daba por platicar otras cosas. A la semana de esa salida al Maviri fue que me invitaron a comer a su casa, todavía me acuerdo de la cazuela que hizo la doña , con unos ejotes amarrados y un arrocito rojo que me prendió, ya hacía mucho que no comía comida casera así desde que mi amá se había ido, pues me mató. Ese día después de comer su mamá nos dejó solos en la sala de la casa y recuerdo que nos dijo: Los voy a dejar solos han de tener mucho de qué platicar, pero la verdad que no tenía mucho de qué ni modo que de la iglesia si yo no sabía ni el padre nuestro completo y de contabilidad tantito pior, así que empezamos por la música y zaz que le gustaban los Beatles y los Credence, fue cómo mágico, es algo que nunca pensé. Ese fin de semana después me animé a invitarla a bailar de esas rolas y por dios que ese mismo día le tiré la onda y nos hicimos novios, me acuerdo muy bien que aún no cumplía el año del accidente, faltaba como un mes, pero ni modo de perder el tiempo. Desde la vez que la vi en chor en el Maviri me prendí más, pero de eso y lo otro no te voy a platicar. Para no hacerla muy larga a los 6 meses que cumplimos de novios nos casamos, vino toda mi familia del otro lado y nos fuimos de  luna de miel a los Cabos, nombre loco si te platicara. Lo malo, o lo bueno más bien, es que luego luego se embarazó y pa’ acabarla de rematar que me sale con la noticia de que eran dos, pos es que ella estaba re tiernita y yo ya era un garañón hasta dos le hice de la primera. Así nacieron Francisco Javier y Francisco Alberto, a los dos los apanché, a webo como su padre. No te miento pero me duró el festejo como un mes, eso de ser padre es bien chingón wey. Recuerdo ese día me fui con los plebes de la fábrica al yesterday, que dizque a festejar, llegué a la casa me quité la ropa bien happy y me dormí, ni me fui a ver a los festejados. Al rato no supe ni cuánto tiempo pasó pero me despierta la Susy diciéndome que Francisco Alberto estaba ardiendo en calentura y que lo tenía que llevar de urgencia al hospital o al seguro que ella se iba a quedar con Fco. Javier para que no se contagiara y ahí te voy echo la mocha con el niño, lo puse en una cobijita en el asiento del copiloto y me arranqué bien espantado , era la primera vez que se nos ponía malo uno de ellos, llegué con él a urgencias del seguro, que era lo más cerca que me quedaba, de volada me lo recibieron y fue cuando me di cuenta que iba en pura truza, pensé que traía el chor que me pongo pa’ dormir y nada , no hallaba ni dónde meterme cuando una enfermera me dio una bata y me dijo no se preocupe, la salud de los hijos es lo primero, no es el único que le ha pasado eso. Gracias a Dios los cuates ya van a terminar la universidad pero cada que se las cuento se atacan de risa. Qué si habré aprendido lo que uno hace por los hijos…