DE PROMESAS, CANDIDATURAS Y MENTIRAS

Vladimir Ramírez

 

Cuando la gente no aprende a manejar las herramientas del juicio y meramente siguen sus esperanzas, están sembradas las semillas de la manipulación política. 

Stephen Jay Gould

 

¿Cuándo se sabe que un candidato/a te está mintiendo? Regularmente es sencillo reconocer a un/a aspirante que miente. La experiencia de casi 20 años de elecciones más o menos seguras y competidas nos dejan un sin número de ejemplos.

 

El más grotesco de los ejemplos fue cuando el entonces candidato presidencial Vicente Fox utilizó toda clase argucias, promesas y mentiras para ganar la simpatía y el voto de las y los mexicanos. Arreglar el problema de la guerrilla en Chiapas en 15 minutos, elevar el crecimiento económico en un 7%, construir un país exitoso y triunfador, un gobierno honesto y ético, sería posible si el PRI salía de Los Pinos. “En menos de 70 días podemos terminar con más de 70 años de malos gobiernos”, decía un spot publicitario de aquel candidato que prometió el cambio para México. La historia es conocida.

El electorado ahora ha constatado, -no sé si haya aprendido la lección- que los candidatos/as pueden prometer y mentir sin tener ninguna obligación legal que les haga cumplir lo ofrecido en campaña.

Ser oposición política al antiguo régimen priista de ninguna manera fue garantía de buenos gobiernos o mejores representantes populares. Hoy tampoco lo es. En Sinaloa como en otras entidades del país, se vive una realidad muy parecida con un gobierno formado, se suponía al menos en campaña, de partidos distintos al PRI y la diferencia sólo ha sido de algunos personajes distintos en el gobierno de la clase política local.

Hoy se vive un proceso electoral para elegir diputados/as federales y como muchos otros ya realizados, se pretende ganar el voto del electorado de la misma forma que siempre lo han hecho: el voto ciudadano a cambio de promesas.

Las fórmulas de campañas son las mismas: estrategia de medios, mercadotecnia política, redes sociales, movilización el día de la elección y un discurso nutrido de temas y ofrecimientos sobre asuntos que la ciudadanía quiere escuchar. El manual para competir en elecciones es el mismo. Nada le diferencia de las anteriores campañas y candidaturas. Salvo el caso de las candidaturas independientes con registro sin partido, es prácticamente lo mismo.

Si se revisan las propuestas de campaña de una candidatura a otra, se puede encontrar una gran semejanza en ellas. Esto puede ser un tanto normal porque los problemas del país son los mismos de hace años. Lo que puede ser distinto, son las descalificaciones, principalmente cuando se es candidato o candidata de un partido opositor. De ahí en fuera, todo sigue igual.

La pregunta ciudadana tendrá que ser entonces: si durante años se padecen los mismos problemas y se ofrecen las mismas promesas, ¿por qué no se han resuelto? Por el contrario, han empeorado, sin importar qué partido gane. Si este es el saldo en cada elección y se sigue prometiendo lo mismo, es probable que el resultado sea similar.

Hoy, las y los candidatos a diputados federales prometen cambiar el estado de las cosas a través del ofrecimiento de mejor educación, sueldos, seguridad, empleo, salud y demás asuntos de interés nacional necesarios para hacer de este país, uno de justicia, bienestar y desarrollo para las aclamadas mayorías en cada proceso electoral.

Sin duda las mentiras están en la mayoría de las promesas de cada candidato o candidata y lo saben. Sabemos que mienten porque la reiterada experiencia nos enseña que no legislan para las y los habitantes de su Distrito, por el contrario obedecen a un partido o a un grupo político con intereses y propósitos bien definidos.

Si realmente las y los candidatos desean ser honestos, tendrían que reconocer que la Cámara de Diputados no es el poder que gobierna las instituciones públicas, no está en ellos cumplir cada promesa que ofrecen en campaña. El Poder legislativo tiene funciones específicas. Cada candidata/o que promete, miente. Así lo han hecho por décadas. Manipulan la esperanza.

Tal vez si alguna candidata/o ganador pudiera llevar a tribuna la iniciativa de una ley que castigue y eleve como delito las promesas incumplidas de campaña, podría marcar la diferencia.

Written by Redacción