El Tábano Legislativo

Por: Solón y Licurgo

·PRI: una oposición constructiva y combativa
· Un posicionamiento y una iniciativa audaz
·Una primera semana que apunta buenas maneras

Inició el Partido Revolucionario Institucional (PRI) su travesía del desierto en la 63 Legislatura del Congreso del Estado de Sinaloa. Podría haber sido traumática esta experiencia luego de interminables años de dominación y control, en los que prácticas y estilos autoritarios de conducción política –los años de la aplanadora o del rodillo parlamentario— generaron agravios en sus adversarios, y configuraron una cultura de la que todos los partidos han abrevado y que hoy se corre el riesgo de ver reproducida en la nueva mayoría legislativa.

Sin embargo, el Grupo Parlamentario del PRI, con solo ocho diputados, muy disminuido en comparación con su enorme fuerza en la legislatura anterior, mostró músculo político desde la misma jornada inaugural de este Congreso, y envío un mensaje claro: no es ni será una fuerza marginal. Por el contrario, seguirá gravitando con enorme influencia en la vida parlamentaria buscando siempre agregar valor a la deliberación colectiva a través de planteamientos serios y propositivos, debatiendo con sus adversarios con libertad y haciendo su aporte y contribución a la búsqueda de acuerdos y consensos que dignifiquen la vida parlamentaria.

En efecto, así lo hizo desde el arranque. Pero la nueva mayoría asumió la vieja actitud revanchista. Sus reflejos autoritarios quedaron a la vista de quien quiso verlo. Lejos de conformar órganos de conducción de la vida congresual producto del consenso de las fuerzas con representación parlamentaria, acudieron al arcaico y manido expediente del mayoriteo y el avasallamiento de su adversario principal.

El argumento: hacer lo mismo que les hicieron en el pasado mediato e inmediato. Es decir, una posición revanchista. Así, al PRI, que de acuerdo al espíritu de la norma le hubiese correspondido la presidencia de la mesa directiva en el primer año de la legislatura, se le excluyó sin consideración alguna. Ni en el PRI en sus peores tiempos actuó de esa manera en el Congreso: tanto el PAN como el PAS, segunda y tercera fuerza en la 62 legislatura, ocuparon la presidencia  de la mesa directiva del Congreso.

Ésta fue la primera mala señal de la nueva mayoría. El PRI acusó el golpe pero se recuperó de inmediato, y una vez concluida la ceremonia de apertura convocó a rueda de prensa para denunciar el despropósito con el que había actuado la nueva mayoría portadora de la vieja práctica autoritaria, sectaria y excluyente. Ahí, el líder del grupo parlamentario, Sergio Jacobo Gutiérrez, delineó lo que será la norma de conducta y comportamiento:  no dejar pasar excesos, desmesuras y despropósitos de sus adversarios, que no solo se agandallaron de todo, sino que se mostraron muy bisoños en la conducción política. De inmediato se advirtió que su curva de aprendizaje será bastante larga.


Con la iniciativa política en sus manos, el PRI dio otro gran golpe en la primera sesión ordinaria de la legislatura, celebrada el martes 2 de octubre. Se conmemoraba el 50 aniversario de los trágicos acontecimientos de Tlatelolco, y era obligado el posicionamiento de todos los grupos parlamentarios. A petición de la presidencia de la mesa directiva, se pidió un minuto de aplausos para los estudiantes caídos en la plaza de las Tres Culturas, que partidos y públicos cumplieron con emoción.

Pero el respeto pronto se esfumó. Un auditorio lleno celebraba jubiloso su nueva condición, y apenas escuchaban los posicionamientos de los partidos, que se producían de menor a mayor fuerza parlamentaria. Así, subieron diputados del PAS, PES, PRD, PAN y PT. Seguía el diputado Sergio Jacobo, que desde el momento mismo en que se anunció por la presidencia, recibió una rechifla de un auditorio que había ocupado  posiciones en el auditorio no con el ánimo de escuchar, sino de hacer una catarsis largamente esperada: increpar, denostar, rechazar al PRI.

Pese a ello, el diputado Jacobo Gutiérrez no se arredró. Con voz firme, defendió una visión de su partido, de su bancada, que significa un cambio profundo en la visión de aquellos acontecimientos que hace medio siglo enlutaron la conciencia nacional. Ocurre sin embargo que la llamada izquierda se siente depositaria de las luchas, sueños y aspiraciones que fueron aplastadas hace medio siglo, sin alcanzar a entender que de aquellas luchas por las libertades ha emergido una nueva sociedad más democrática, que ha hecho del pluralismo y la tolerancia valores superiores para asegurar una convivencia respetuosa y civilizada.

Y ese es nuestro mejor patrimonio colectivo. Ninguna fuerza, ningún partido, ningún grupo social puede considerarse depositario único de aquellos valores que dieron sentido a la lucha libertaria de los estudiantes mexicanos en aquel 68 histórico. Y así lo planteó el diputado Sergio Jacobo:

“Para nosotros, es muy importante mantener viva la memoria histórica y el legado del movimiento estudiantil de 1968… La insurgencia juvenil de aquellos años encarnó en México y el mundo, un cambio cultural y auténticamente civilizatorio… El movimiento del 68 fue una verdadera fiesta democrática; fue la expresión de una generación que pacíficamente exigió espacios para sus sueños, y cuyos reclamos se enfrentaron con la cerrazón del poder y terminaron en un lamentable baño de sangre.

“A medio siglo de los trágicos acontecimientos del 2 de octubre, el mejor tributo que podemos rendir a los estudiantes caídos, es refrendar el compromiso con la democracia y las libertades, con la legalidad, el pluralismo y la violencia.”

Era un cambio profundo en lo que hasta ahora había venido siendo el tradicional discurso priista sobre los acontecimientos del 68. Un cambio que al mismo tiempo da cuenta de que aquella vieja clase política gobernante que se formó en un ambiente y un clima autoritaria, y que durante muchos años obturó los canales de ascenso y movilidad política, han empezado ya un camino que debe ser irreversible: ceder el paso a otra generación política, con un talante más abierto, tolerante y pluralista, dispuesta al debate, que pugna por abrir espacios de discusión y alentar la democratización de sus partidos. Ese nuevo perfil sin duda lo representa ahora un liderazgo parlamentario más fresco como el de Sergio Jacobo, y así se expresó ese 2 de octubre en la sede de la representación popular.

Con un discurso firme, sin concesiones, echado para adelante, el diputado priista logró acallar un auditorio  que de pronto escuchaba un discurso para ellos impensable. Fue en ese momento de silencio casi absoluto cuando dijo:

“Quiero recordar en esta fecha, la importante participación de un grupo de destacados sinaloenses entre los dirigentes estudiantiles del 68: me refiero a Florencio López Osuna, Gilberto Guevara Niebla, Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, Salvador Martínez de la Roca, Eduardo Valle, entre otros”.

Ya la sola mención de estos nombres, demonizados en el pasado por el partido en el poder, era un cambio radical en el discurso. Que un priista reconociese el significado y el aporte de esos jóvenes sinaloenses  a la lucha por la ampliación de las libertades, ya era demasiado. Pero había más, faltaba el cierre. Fue entonces que dijo:

“Aquí  en Sinaloa también hubo una vigorosa presencia juvenil en figuras como Liberato Terán Olguín, Jorge Medina Viedas, Fausto Burgueño Lomelí, y de figuras señeras de nuestra vida pública como el entonces rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Rodolfo Monjaraz Buelna”.

Y a continuación, la propuesta: “En nombre del Grupo Parlamentario del PRI, y como un homenaje de Sinaloa a este movimiento democrático y libertario, proponemos inscribir en letras doradas en el Muro de Honor de este Congreso, la frase Al movimiento estudiantil de 1968”.

Era la cereza del pastel. El PRI había rebasado por la izquierda al grupo parlamentario de Morena.


El viernes 4 de octubre, la pinza se cerró. Formulada la propuesta de inscribir con letras doradas en el Muro de Honor del Congreso la frase “Al movimiento estudiantil de 1968”, el paso siguiente era registrar la iniciativa en la oficialía de partes del Congreso. Esperemos ahora la votación del pleno.

Sin duda, una buena semana de arranque para el PRI ahora en la oposición en el Congreso. Tendrá también su curva de aprendizaje, pero por lo visto en esta primera semana, lo hizo bastante bien. Es un grupo parlamentario pequeño, pero unido, cohesionado, en el que se advierte espíritu de cuerpo, y, sobre todo, rigor político, profesionalismo y madurez para seguir gravitando con fuerza en la vida política de Sinaloa y del país.