LAS SOCIEDADES DEL FRACASO

El tercer mundo no es una realidad sino una ideología
-Hannah Arendt

¿Cómo entender esta afirmación? ¿A qué se refiere y cuándo una sociedad ha fracasado? ¿Es la nuestra una sociedad fracasada?
Recuerdo hace poco más de 38 años, cursando  mi educación primaria el maestro hablaba de sociedades en vía de desarrollo, entendido como aquellos países que por su condición de subdesarrollo se ubicaban en una tercera posición. No eran considerados parte de las economías capitalistas, ni tampoco de los países llamados socialistas de aquella época en los años 70.  Éramos del Tercer Mundo, se decía.
Ahora nos suelen llamar economías y no países, “emergentes”. Subdesarrollados, tercermundistas y emergentes. La diferencia ha sido hasta el momento solo de calificativo. Pero entonces, ¿qué es lo que pasa? ¿Qué ha sucedido en todos estos años y décadas? ¿Por qué la situación del país, de nuestras ciudades no han mejorado en términos de verdadero bienestar y desarrollo social? Tal vez los cuestionamientos podrían ser, y desde luego que lo son, complejos y arbitrarios cuando se plantean de manera repentina.
Quizá lo mejor sea, en vez de preguntarnos qué es lo que pasa con nuestro país o con el estado de Sinaloa, sería mejor plantearnos algo mucho cercano, pero no por eso menos complejo. Me refiero a esa parte más nuestra, más chica en términos comparativos, algo que pudiéramos considerar como nuestro pequeño territorio social.
Pensar por conveniencia y sentido práctico para entender un poco más de nuestras dificultades como sociedad. Pensar en el municipio donde vivimos, más reducidos aún, en la ciudad. Es muy probable que esta forma un tanto metodológica y de principios académicos nos ayude a esclarecer dudas tales como las de entender cómo funciona la ciudad, qué pasa en ella, quién ordena o desordena la vida diaria y sus efectos, quién o quiénes atienden las externalidades que se generan de manera inevitable muchas veces.
Para el filósofo y ensayista español José Antonio Marina, las sociedades fracasadas son aquellas comunidades que carecen de una inteligencia colectiva. Las sociedades inteligentes saben resolver o han aprendido a resolver los problemas sociales, creando capital comunitario y ampliando las posibilidades de respuesta y acción. Es lo que ahora también se le llama empowerment. Una sociedad “estúpida”, nos dice, hace lo contrario. Crea más problemas de los que resuelve, destruye capital comunitario y entontece o encanalla a sus ciudadanos.
Una sociedad fracasada es aquella que se padece así misma por la mala gestión de sus recursos comunes. Nos menciona como Jared Diamond, científico evolucionista, nos plantea que esa falta de inteligencia en una sociedad se caracteriza por la incapacidad de darse cuenta, o por no reconocer el efecto de las propias acciones.
Esta forma aparentemente irracional de comportarnos colectivamente, se vuelve una gran “estupidez” al no reconocer que nuestro bienestar, nuestro futuro promisorio, nuestra propia supervivencia depende de una sabiduría implícita como afirma el economista y filósofo  Friedrich Von Hayek, refiriéndose al importante capital comunitario que se genera a lo largo de la historia y que sostiene nuestros sistemas normativos e institucionales.
¿Pero a qué se refiere con “estupidez”?, ¿qué nos quiere decir Antonio Marina con sociedades estúpidas? Lo define citando la idea del economista italiano Carlo Cipolla: estupidez, entendida como hacer daño a los demás sin sacar de ello ningún beneficio o incluso perjudicándose.
Las sociedades fracasadas, procrean de igual forma sistemas políticos fracasados. Son aquellos sistemas que empobrecen la inteligencia de sus miembros, limitan sus posibilidades, deprimen sus ocurrencias. Las vuelve mediocres.
Aristóteles explica sobre tres elementos para conservar el poder: “envilecer el alma de sus súbditos”, hacer de ellos ciudadanos pusilánimes incapaces de reclamar; “sembrar en ellos la desconfianza”, una sociedad que no confía en sí misma es incapaz de unirse, y “empobrecer a sus súbditos”, la urgencia de las necesidades primarias ahoga cualquier intento de acción colectiva.
El papel de la clase política es igualmente relevante, sobre todo en estos tiempos en los que se vive una compleja forma de secuestro del poder y de las instituciones, desde el nivel federal hasta el municipal, por una especie de hegemonía de partidos políticos. Ello no quiere decir que sean los únicos culpables o responsables de lo que sucede ahora y de lo que habrá de padecerse en el futuro por lo que hoy se hace o no por la clase política, está también presente una sociedad que de forma dispersa no protagoniza decisiones ni actúa en consecuencia, solo sobrelleva.
Lo más notables del ejercicio del poder público que seducen las aspiraciones de la gran mayoría de los políticos es sin duda la permisividad de la corrupción y su muy expuesta impunidad para ejercerla.
Para Weber se cita, la corrupción es el producto de regímenes políticos no evolucionados. Nuestro país, nuestras ciudades en lo particular, han sido víctimas de su propia sociedad.
La corrupción que vivimos o sobrevivimos, no es precisamente un producto cultural como afirma el presidente Peña Nieto, es acaso un acto racional permitido, tolerado, producto del engaño. Más que una expresión cultural, parece se ha vuelto una aspiración de las personas.
Sería un tanto absurdo pensar que todos en México somos corruptos por tolerarla y de alguna manera o de muchas alentarla. La corrupción funciona donde hay personas honestas, que confían. Solo así en condiciones con gente de estas características tendría utilidad ser corrupto. En todo caso, no estamos hablando de una sociedad corrupta, sino de una sociedad poco inteligente.
El tema es bastante complejo y diverso. Pero aquí está un planteamiento para reflexionar, la de ubicarnos como entes sociales inteligentes. Revisar la idea de una inteligencia social como la capacidad que tiene una sociedad para resolver los problemas sociales creando capital social y ampliando las posibilidades vitales de sus ciudadanos. Tal vez dejar de poner atención a los otros por un momento y pensarnos como sociedad. Revisar o evaluar qué tan inteligente somos en lo colectivo y que tan consientes estamos de lo social, del deshilachado tejido social en el que vivimos.
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Written by Redacción