RADIOUAS: Voz y espejo

Num 17 | Quizá la muerte

Vladimir Ramírez

Hace ya 45 años que inició transmisiones XEUAS en la ciudad capital del estado de Sinaloa, con ella el asombro y las posibilidades de la radio dieron inicio a una nueva época en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Bajo la tutela del polémico periodo rectoral del Dr. Gonzalo Armienta Calderón, los universitarios abrían un nuevo “vaso comunicante” con la población y en un mismo sentido una nueva historia reuniría la diversidad de formas y expresiones artísticas y culturales de todos los tiempos. A partir de entonces Radio UAS se convirtió en la voz y el espejo más próximo de los universitarios.

Cuatro décadas y media de radio universitaria, sin duda representan, digamos “la historia  moderna”, de la institución de educación superior más importante de la entidad. Acontecimientos nacionales y locales, sucesos de la vida interna universitaria, hechos y vicisitudes en su relación con la sociedad, marcaron la vida universitaria por generaciones y en una misma trayectoria se vieron sujetas a diversas interpretaciones que buscaban definir su quehacer como universidad.

En esa ruta ha permanecido la radio cultural de los universitarios. El recuento de todos estos años, necesariamente lleva de la mano el papel que ha jugado la frecuencia universitaria, sus discusiones, trasformación y modernización marcan una línea que define la narrativa generacional que le ha acompañado en estos 45 años de radio.

Bien se podrían enumerar cuatro importantes momentos en los que Radio UAS ha estado presente desde su primera transmisión: en un primer momento se acompaña de una vida institucional de principios de la década de los 70, tiempos agitados por el espíritu de una juventud estudiantil que asoma su figura protagónica en la vida social y política de Sinaloa. Fueron los días en los que la representación de autoridad se disminuía frente a una juventud rebelde constituida en la comunidad estudiantil. Aquí empezaría la otra historia de la “universidad conflicto”, el rompimiento de la ideas liberarles y el frenesí de la promesa de las ideas marxistas, el brebaje de la igual y la justicia, desdibujaron el plan original de la educación universitaria.

La euforia libertaria teñidas por una anarquía ideologizada, terminaron por incitar el lado bárbaro del recurso de la violencia como instrumento de represión por parte del gobierno estatal, esto traería como resultado la renuncia de Armienta Calderón y de toda una generación de antiguos maestros universitarios. De esta forma se edificaría un muro entre ambas instituciones que duraría al menos hasta el periodo del gobernador Antonio Toledo Corro.  Así se edificaron los cimientos de un discurso contradictorio, los días convulsos y los intentos de una guerrilla estudiantil y urbana, sacudieron todo intento de vocación universitaria, la ira ideológica y la premura por la voluntad de la trascendencia volcaron los años universitarios de los 70. Poco o nada se podía hacer entre el corazón y la razón de los universitarios mientras llegaba la guerra sucia a escribir su propia historia de violencia soterrada.

Fue hasta principios de la década de los 80, cuando la universidad después de evadir una suerte de semillero radical de movimientos sociales y políticos, empieza una nueva búsqueda un tanto difusa por ubicar su vocación como universidad y su compromiso con la educación.

Sin embargo, protagonistas y herederos de los movimientos estudiantiles y seudo-guerrilleros de la anterior década, llevarían consigo todavía el aliento transformador y libertario de las ideas marxistas, haciendo transitar a la universidad durante al menos 20 años como la institución mantenedora de casi todo movimiento social de izquierda en Sinaloa. Durante estas dos décadas, todo idea de izquierda se concebía al interior de la vida universitaria, haciendo de ella algo parecido a la madre de toda una generación que a golpe de ensayo y error, se disputaban ahora, no las ideas originales del marxismo y sus reformas, sino la dirección y el control de sus facultades y escuelas en una especie de “pequeña república”, como diría uno de sus más representativos líderes estudiantiles de los 70, Liberato Terán Olguín.

De esta manera se mantendría una particular forma de calma contestataria, motivada más por la certeza de la repartición de los privilegios del presupuesto universitario y sostenido por una forma peculiar de democracia subjetiva y mal concebida para elegir autoridades.

Así peregrinó el deber ser universitarios por estos años, mientras que la radio seguía siendo el reflejo, no sólo del momento político, sino de la expresión misma de lo que dentro de la institución sucedía. Por una parte la radio servía como tribuna social de los nacientes partidos de izquierda, y por otra, como vocera natural de la academia, la ciencia y de las expresiones artísticas de los universitarios. Radio UAS asumiría, a pesar de incertidumbres, su invariable lugar como espacio de comunicación y principal difusor del quehacer de la institución.

La programación tendría entonces la misma suerte de los vaivenes de una muy particular vida electoral del voto unitario y de una evidente disposición por las canciones del viejo folclorismo de protesta, la música clásica y el afán de las mujeres y hombres de izquierda en Sinaloa.

A los primeros años de este nuevo siglo XXI, la madurez de una generación de universitarios que se formó en la idea interna, es decir en el hacer diario y los asuntos de la gestión que tiene que ver más con la administración pública de una universidad, arribó de manera casi inercial a los espacios de decisión de la universidad, consolidándose en el periodo del también polémico rector, Héctor Melesio Cuén Ojeda. Las controvertidas reformas a la Ley Orgánica de la UAS, dieron un vuelco incuestionable a la historia de la universidad después de que los cambios sustanciales, relativos a la selección de sus autoridades modificaran la vida interna y las relaciones universitarias. Una nueva forma de dirigir la institución sería la diferencia.

A la fecha y por vez primera, la Universidad Autónoma de Sinaloa, se estima, avanza con el impulso de la continuidad de un proyecto que abarca a la fecha tres periodos rectorales extendidos después de la gestión Cuén Ojeda, por Víctor Antonio Corrales Burgueño y actualmente por Juan Eulogio Guerra Liera.

Por su parte Radio Universidad ha visto su crecimiento en estos tres periodos, ampliando su cubertura más allá de los límites de la entidad y manteniendo su presencia en las frecuencias de AM y FM. Antiguas voces de la radio universitaria cuestionaron en un principio, el sello institucional que imprimiera su actual director Wilfrido Ibarra Escobar, luego de que reordenara su programación dando prioridad a la difusión de las actividades del rector y las diferentes áreas de la universidad.

Se deduce que el actual director de Radio UAS, dirige los esfuerzos para servir de vínculo y enlace entre los universitarios y la sociedad sinaloense como propósito esencial, y de participar en las labores de extensión de la cultura y el deporte. Es decir, las radios universitarias, entendidas como el reflejo de la situación que están viviendo las universidades. De ahí que estos medios de comunicación masiva se obligan a difundir el ser y el quehacer de los universitarios, investigando y creando nuevos métodos de producción radiofónica, con los cuales se experimentan diversas formas de expresión y difusión de los conceptos del compromiso social de la universidad con la educación, la cultura y el arte.

Sin duda Radio UAS, en estos, al menos último 10 años, ha demostrado que las radios culturales universitarias, tienen más que ver con vida interna de las universidades para su vinculación y participación con la sociedad.

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