Sinaloa 2017: otra mirada al gobierno

Num 17 | Quizá la muerte

Vladimir Ramírez

Como la dicha de un pueblo depende ser bien gobernado, la elección de sus gobernantes pide una reflexión profunda.

Joseph Joubert

Cuando la opinión ciudadana externa sus juicios al gobierno, lo hace responsabilizando y dirigiendo su sentir a los titulares del ejecutivo. Esta es una práctica muy arraigada en México, producto de una idea errónea de que los titulares en los gobiernos son o deben ser los hombres o mujeres que resuelven todo, y de no ser así, serían los culpables o responsables directos.

Por décadas se ha pensado de esta manera y de igual forma se han padecido también las decepciones de promesas no cumplidas. Así ha sido la historia política-electoral de este país y también de Sinaloa.

Una de las grandes razones por lo que la mayoría de la gente cree que cuando un candidato es electo, por ejemplo, al gobierno de Sinaloa, de muchas maneras está convencido o tiene la falsa expectativa de que por sus promesas o características de popularidad, serán garantía para un buen gobierno.

Pero no es así, y es muy difícil, casi imposible que lo sea, puesto que ganar una elección y ganar las batallas del buen gobernar son muy distintos. Para Sinaloa en 2017 se espera el arribo de un nuevo gobierno estatal y 18 municipales. Se opina y especula de las diferencias de personalidad y estilos del gobernador electo y de las y los nuevos alcaldes, lo cual ciertamente son elementos a considerar, sobre todo si se contempla la pluralidad de los gobiernos municipales y sobre todo de la presencia de fuerzas políticas como el caso del Partido Sinaloense, que ilustran una época en la conformación de una nueva clase política en la entidad.

Estos elementos a considerar, como los aspectos que diferencian las personalidades de los próximos ejecutivos, frente a la toma de decisiones para mejorar la administración de sus gobiernos o de iniciativas para legislar o implementar programas y proyectos que resuelvan las demandas y necesidades de la sociedad, habrán de marcar las líneas para el cambio que se espera.

Lo cierto es que gran parte de los cuestionamientos que ahora se hacen no son distintos a los conocidos en campaña electoral anteriores.

Quizá será necesario separar por una parte la vida mediática y por la otra la responsabilidad como servidor público. Aquí los medios de comunicación, analistas y partidos políticos locales, tal vez deban fijar sus cuestionamientos al hecho del gobernar y de administrar la función pública, más allá de las aparentes “disciplinas” políticas de tal o cual partido a la hora de nombrar sus gabinetes.

Una provechosa novedad para nuestra democracia después de las elecciones sería mirar la actuación de las instituciones que tiene  que ver con los asuntos públicos cercanos a la gente, temas como la salud, seguridad pública, educación cultura, productividad, empleo, etc., tendrían que ser el referente para un buen gobierno o de casos particulares en términos, digamos, “municipales”, “comunitarios”, que tengan que ver con el ejercicio y función de las instituciones creadas para atender los asuntos públicos, que por años han dado resultados deficientes y que de muchas maneras corresponde al reflejo de  nuestra realidad. Es decir, de una realidad que se confrontan con aspectos que tienen que ver con asuntos de la vida cotidiana, tales como la pavimentación de calles, hasta la proyección urbana de ciudades y comunidades rurales. Hace falta llevar a la discusión pública los asuntos públicos del gobernar, sumar la intervención de los sectores sociales más allá del protocolo institucional y dar vida a procesos institucionales donde se apliquen criterios como el de los presupuestos participativos, la planeación y evaluación de la ejecución de políticas gubernamentales. Esto permitiría dar un giro importante para una mejor comprensión de los problemas y posibles soluciones de las administraciones por llegar.

Reflexionar sobre los temas de gobernabilidad, transparencia, rendición de cuentas, separación de poderes, federalismo, políticas sociales, sistemas de justicia, así como los asuntos de regulación de la economía y sus principales mercados en Sinaloa. Compartir la claridad de cómo es posible reconstruir una sociedad con mayores libertades, justicia y progreso, es el reto y la deuda de todos los gobiernos anteriores.

En el caso de los municipios valdría la pena revisar las experiencias y omisiones  que se han venido desarrollando en torno al fortalecimiento Institucional, sobre todo en la integración de sus políticas, llevadas al orden de la planeación, desde los programas y metas de una Secretaría, hasta los niveles rurales y básicos como las Comisaría en Sindicaturas.

Lo mismo se espera de la revisión del papel que han jugado los sindicatos de trabajadores del estado y los municipios, su responsabilidad con las deficiencias y la ineficacia de las instituciones para las que trabajan.

Cuando las instituciones se vuelven ineficaces, se convierten en alertas para que la sociedad dirija sus reflexiones y demandas por encima de la espera de una actuación “mágica” de sus titulares en el gobierno.

Abrir los escenarios para fomentar y considerar la evaluación de los sectores sociales y ciudadanos sobre los resultados del ejercicio público, es el camino más corto para recuperar la gobernabilidad y la estabilidad social. Sin el temor de equivocarse a la hora electoral de votar.

Sinaloa, nuevamente espera la recapitulación de las experiencias e innovaciones en la administración pública y del ejercicio de la política en el gobernar.

El reto no es menor y el tiempo de aproximadamente un año dos meses para reivindicar compromisos en los hechos y cristalizar las aspiraciones de una reelección en los municipios, exige prácticas nuevas que reanimen la relación de los gobiernos y sus gobernados, de igual manera el gobierno estatal tendrá, de muchas maneras, que solventar los dilemas de las administraciones municipales más cortas de la historia, para también considerar el éxito de un gobierno estatal de poco más de cuatro años en funciones. Las primeras señales serán los nombramientos de su gabinete.

Habrá que verlo, 2017 representa el inicio de la esperanza o las decepciones, esta cíclica condición social que nos acompaña entre la fe y la mentira por generaciones, que nos cuenta historias de aciertos y desaciertos.

vraldapa@hotmail.com