Sinaloa frente a la crisis de los partidos II

Num. 12 | Salud y Enfermedad

 

Vladimir Ramírez

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis  es exaltar el conformismo

Albert Einstein

En el anterior artículo de la semana pasada comentamos algunos aspectos que caracterizan la crisis que atraviesan los partidos, tanto de los países europeos como en México y América Latina, de cuestiones internas que han generado durante las dos últimas décadas una serie de circunstancias que terminaron por colocar a estas organizaciones en un escenario de desprestigio y rechazo social cada vez más presente.

Hoy mencionaremos tres elementos, ahora externos, que de igual manera abonan propician el estado latente de crisis en los partidos políticos:

El primero tiene que ver con las más viejas prácticas en la lucha por el poder, el divide y vencerás del arte de la guerra, como el caso de Sinaloa y las fallidas alianzas entre el PRD, PAN y PAS, que después de anunciada por sus dirigencias estatales, los comités nacionales del PRD y el PAN, generan condiciones adversas para tronar una coalición política que parecía significar una real amenaza para los candidatos del PRI. Otro ejemplo fue el de la escisión de militantes del PRD para cambiarse al MC y de priistas que negocian con el PAS en algunos municipios. Esta forma, valida sin duda, ha concebido atmósferas desfavorables y a veces hostiles al interior de algunos partidos que benefician a unos y perjudican a otros.

Un segundo elemento se verifica con una repentina pérdida de autonomía  e independencia frente al poder público. Esta forma casi obligada de enmudecer el carácter crítico de los partidos cuando después de ganada una elección les corresponde ahora gobernar a ellos. Todas esa energía y libertad para cuestionar las decisiones en los gobierno desaparece, se vuelven silenciosos militantes, cómplices de una especie de ceguera política que no le permite mirar igual. El ejemplo más reciente es el de los partidos PAN, PRD y MC antes del rompimiento de algunos de ellos con el gobierno del Malova en Sinaloa, una izquierda y una derecha muda, casi inexistente como le sucedió especialmente al PRD que sin voz y son rostro, poco se sabe de sus dirigentes y de viejos líderes sociales que durante estos años dejaron las calles para despachar en oficinas oficiales de gobierno. Lo mismo ha sucedido durante mucho tiempo con el PRI frente a gobiernos emanados de sus filas. Es una conducta muy evidente y propia a la hora de estar de otro lado del quehacer político.

El tercer elemento que obliga de cierta manera o de muchas a entrar en crisis a los partidos en nuestra democracia es también el tema del financiamiento, el de los débitos económicos antes y durante las campañas electorales y sostenimiento de proyectos políticos. Se habla de empresarios y hasta del crimen organizado. Compromisos ineludibles a la hora de proteger o signar destino de las inversiones en obra pública y procuración de justicia. Una carga muy pesada de obligaciones asumidas antes de llegar al poder.

Así se han escrito los capítulos de la transición a la democracia en México, con ejemplos que a la luz del conocimiento público suceden, lo mismo en los partidos de izquierda y derecha, como en los llamados socialdemócratas y ecologistas. Actúan en una misma lógica para calcular sus ambiciones y privilegios que les otorga poder y ser desleales con los principios de sus partidos sin ningún remordimiento.

Ante este complicado escenario político, los partidos parecen ir en contra de la unidad democrática a la que aspira la sociedad, en su razón partidaria descomponen el todo en partes en su lucha por el poder. Desvirtuaron su función de intermediarios entre sociedad y gobierno y en ese tránsito se han convertido en los principales agentes del abstencionismo y la despolitización del país.

Todos estos elementos, tanto internos como externos sumaron consecuencias que hoy definen la crisis más notable de los partidos políticos. El surgimiento exitoso de algunos candidatos independientes significo el cauce del coraje de un electorado harto y decepcionado, que mal llamados “independientes” no lo son en realidad, son acaso candidatos sin partidos, en el que la mayoría de ellos tiene un pasado partidista y en el que por su calidad de sin partidos no los exime de ser diferentes.

La historia de nuestra democracia electoral ha dado lecciones muy claras de la necesidad de pasar como ciudadanos de una democracia representativa a una democracia participativa, de superar nuestra condición de electores que dimitimos el derecho de decisión a nuestros representantes a una elección participativa en las decisiones de nuestros gobernantes. Un paso que necesariamente tendrá que darse o de lo contrario seguiremos padeciendo a una clase política igualmente irresponsable, corrupta y simuladora de los propósitos de la democracia.

vraldapa@hotmail.com