REDES SOCIALES: ABRIR PASO AL PENSAMIENTO (Conversación con Sergio Espinosa Proa)

 Conversación Con Sergio Espinosa Proa

Sergio Espinosa Proa es primero antropólogo y luego filósofo, reconocido estudioso de la estética y crítico de la cultura. Su presencia, afortunadamente frecuente, en Sinaloa, ha contribuido a la animación y enriquecimiento de nuestra vida cultural. Aldea 21 se siente privilegiada de tener como padrino de este nuestro primer Conversatorio a un pensador como Sergio. En lo sucesivo, en este espacio presentaremos, mes tras mes, la charla puntual con mujeres y hombres cuyas ideas alumbran nuestros oficios, nuestro pensamiento y nuestras vidas hoy en día. Qué mejor que hacerlo, para empezar a cantar, con el tema de las redes sociales, así sea como eso: como el inicio de una tonada que aspira a convertirse en sinfonía.

RGV. Hay en el ambiente una cierta y evidente agitación, una suerte de tremolina espesa y confusa que tiene, acaso, su manifestación más clara y persistente en las redes sociales. Es el caso, por ejemplo, de los recientes y trágicos sucesos de Ayotzinapa. ¡Qué no hemos visto en las redes estos días! Casi todos los comentarios, por cierto y con justicia, condenando desde una perspectiva moral el hecho de la desaparición de los 43 jóvenes normalistas, cosa con la cual convenimos plenamente, pero de ahí lo que sigue, lo que ha seguido, ha sido el desbordamiento de la iracundia, de la furia y el ruido que han convertido a las redes en plaza pública romana donde se lanzan vítores y abucheos, antes que en ágora griega en la que se reclama, se debate y se trata de fincar un diálogo con algún sentido, con algún propósito…

SEP. Yo abrí mi cuenta en una de esas redes hace relativamente poco tiempo, y concuerdo contigo en que es un mercado en donde hallas de todo. Que no se disponga de un filtro que elimine la basura (es decir: casi todo) no me parece tan ominoso; peor sería que algún gran censor decidiera por todos qué subir y qué no, qué seguir, qué ver y qué leer en la pantalla. Ya sé que hay regulaciones, pero no han sido lo suficientemente potentes como para bloquearlo todo. Así que no me parece tan mala esa situación. Por otra parte, las redes sociales rinden cuenta del estado de indefensión y de —digámoslo así— miseria de la “opinión pública”; que en este país (y en otros parecidos, porque los hay) la gente en general no cuente con la posibilidad de argumentar y menos aún de debatir es una deficiencia provocada por decenios de imbecilización televisiva y cinematográfica, para muestra de la cual ahí tenemos, en primera plana, a nuestra Pareja Imperial. Todo un modelo.

RGV. De acuerdo, Sergio, pero lo que se echa de extrañar es la apertura de espacios desde los cuales se pueda ventilar esa atmósfera tan cargada de ruido, gritos y sombrerazos. Te digo: desde la sociología, la historia, la psicología, entiendo que esto ocurra. Lo que me preocupa es que las redes, dicho con la teoría de sistemas, se convierten cada vez más en puro “ambiente”, y el ambiente es entrópico, tiende al caos. ¿Cómo convertir esos gritos, esos reclamos, casi siempre desaforados y sin modulación, en inputs que puedan procesarse para tener outputs sociales, de política pública y de reforma de las instituciones y las normas? Por cierto, ese es, sobre poco más o menos, el propósito de esta iniciativa, Aldea 21, que ahora mismo tú apadrinas con esta conversación. ¿Tendremos que resignarnos a que las redes, esa opinión multiforme, abigarrada, explicable sí, pero sólo justificable por la indignación legítima que expresan, se queden en eso, en mera expresión del coraje y la indignación?

SEP. Mucho me temo que quede un largo y sinuoso camino por recorrer, si es que aún hay tiempo y garantías para ello. Lo cierto es que hay un gigantesco vacío en nuestra crítica social y cultural; las grandes iniciativas del periodismo crítico de los años sesenta, setenta y ochenta —me refiero a Plural, Vuelta, Nexos, Cuadernos Políticos, Palos de la crítica, Desfiladeros, Infame turba, y otras pocas, de cuño más universitario o más local, y con todos sus extravíos y piruetas— no han dado los frutos que cabría haber esperado. El panorama intelectual en este país está muy por debajo y mucho más oscuro que el “tiempo nublado” que ya le preocupara a nuestro Premio Nobel. Es decir, que Enrique Krauze sea el heredero de Octavio Paz, Roger Bartra de José Revueltas y Jorge Volpi de Carlos Fuentes (según ellos mismos al parecer, y sin modestia alguna, querrían ser tomados) te da una idea bastante neta de nuestra catástrofe. Este alarmante descenso de nivel no deja de reflejarse en las redes sociales, que, efectivamente, son un macabro escaparate de nuestro analfabetismo. Y no digo que sea el único país donde haya ocurrido, pero, en definitiva, uno de sus rasgos más acusados es la inversión de los papeles entre “intelectuales” e “iletrados”: en lugar de alfabetizar —en el sentido más noble y exigente del término—, la inteligencia se ha dejado, quizá por astucia, quizá por pereza, desalfabetizar.

RGV. ¿Cómo ves, en esta línea de razonamiento, el surgimiento de una iniciativa como Aldea 21 en un lugar, digamos, tan inopinado como Sinaloa, tierra de agricultores y cuna del narcotráfico en México? ¿Tendrá sentido este esfuerzo editorial en el mundo virtual, en este mundo tan enredado de las redes sociales en nuestros días?

SEP. No es inopinado; Sinaloa tiene, por carácter y por encanto, una firme y bien ganada —a pesar de momentáneos, localizados e inevitables desmayos— tradición pensante. Creo, Rony, que también hay que reconocer que los “gritos y sombrerazos” a los que te referiste al principio, son efecto directo de una muerte (anunciada) del pensamiento crítico; un efecto que no se puede modificar ni revertir a corto plazo. Este país, este pueblo tan sufrido se ha dado un Estado y una cultura que han llegado a ser una verdadera desgracia, y no porque no haya talento o resistencia, que la hay, y más de lo que estaríamos dispuestos en principio a imaginar; tampoco porque no haya caminos y vías alternas de defensa, crecimiento y afirmación, sino porque los poderes fácticos, que siempre han controlado o subordinado a los gobiernos “legítimos”, han sabido hasta la fecha dispersar, comprar, amordazar, cooptar o disuadir a la conciencia crítica, que por lo demás, insisto, no es patrimonio exclusivo de los intelectuales. Claro que nunca como ahora, un tiempo en donde ya se han traspasado todos los límites del cinismo, el mal gusto, la ignorancia, la violencia y la ineptitud; un paisaje deprimente donde los haya. Por ello, la iniciativa de Aldea 21, a cuya ceremonia de alumbramiento asisto agradeciendo infinitamente tu invitación, me parece no sólo necesaria y loable sino impostergable. El pensamiento —y no sólo el “crítico”— tiene que abrirse paso y asegurarse su lugar —dentro y fuera del “ciberespacio”— en una época tan grisácea y rojiza, tan raquítica y miserable, en un tiempo en donde incluso las Universidades Públicas, que durante décadas fungieron como bastiones de imaginación, libertad y resistencia, han sido arrasadas por la lógica de avestruz de la razón técnica, por una infame politización de gallinero y por una concepción atrofiada y castrante de la investigación humanística y social. Así que hay muchísimo por hacer, por ventilar, por construir, por apostar. ¡A echarle ganas!

Written by Redacción