Sinaloa debe reinventarse: Ronaldo González

Num 18 | Sinaloa y su porvenir

Entrevista a Ronaldo González

  • En economía, transformación o estancamiento
  • Partidos, medios y empresarios: nueva agenda
  • Repensar la violencia
  • Educación y cultura, superar esquemas
  • La necesidad de una nueva narrativa pública y social

Ronaldo González Valdés es un sinaloense nacido y formado en esta tierra a la que, en sus propias palabras, “siente hasta en los huesos”. ¿Cómo está Sinaloa? ¿Qué diagnóstico puede hacerse de su sociedad en los diferentes ámbitos? ¿Qué tareas y retos tiene frente a sí el gobierno estatal que recién inicia? ¿Qué hechos de conciencia colectivos debemos hacer, de qué compromisos tiene que hacerse cargo la sociedad sinaloense? En el arranque de las nuevas gestiones públicas municipales, legislativa y estatal, nos ha interesado conocer las opiniones del ciudadano sinaloense, del hombre experimentado en la función pública, fraguado en la lucha social en sus años de juventud, del académico estudioso de la historia y el presente de su región. Ya antes, en esta misma Aldea 21, nuestro entrevistado ha sido certero al prever el triunfo del actual Gobernador Quirino Ordaz Coppel en un artículo sustentado en consideraciones de orden sociológico y con estrictos criterios de análisis político (http://aldea21.mx/2016/06/02/sinaloa-por-que-va-a-ganar-quirino-ordaz/), más recientemente ha entregado sus colaboraciones sobre la agenda de la educación (http://aldea21.mx/2016/05/22/acuerdo-por-sinaloa-i-alas-por-la-educacion/) y la economía (http://aldea21.mx/2016/07/23/sinaloa-la-agenda-economica/) en los años que corren. Toca ahora revisar lo que piensa de nuestro porvenir inmediato en un plano más general y articulado.

Finanzas públicas complicadas

A21. Iniciemos, Ronaldo, por la política. ¿Cómo ves al nuevo gobierno de Sinaloa? ¿Qué situaciones enfrenta y qué perspectiva tiene?

En principio, tengo una buena opinión del Gobernador Quirino Ordaz Coppel. Es un hombre que suma dos experiencias básicas para el buen gobierno: una trayectoria empresarial y un eficiente desempeño en diferentes áreas de la administración pública en los niveles federal y, sobre todo, estatal, además, desde luego, de su paso por la Cámara de Diputados. En mis tiempos como titular de cultura y como Subsecretario de Planeación Educativa estatal, lo traté directamente en su condición de Subsecretario, primero, y de Secretario de Administración y Finanzas en el gobierno de Jesús Aguilar Padilla, después. Debo decir que recibí siempre de él un trato cordial, respetuoso y de apoyo en la gestión de recursos para las tareas educativas en aquel momento. El suyo fue un trabajo discreto pero eficiente, sin protagonismos, ordenado. En general, ha tenido el tino de designar a personas con el perfil requerido (en unos casos más, en otros menos) en los cargos públicos de mayor responsabilidad estratégica en su gabinete.

Ahora bien, los problemas que va a enfrentar, que está enfrentando ya, no son pocos ni menores…

 

A21. A ver, vamos entrándole a eso.

Mira, la situación es muy complicada porque en ella se cruzan asuntos de orden internacional, otros nacionales y otros más propiamente regionales. En primer lugar, está el tema de las finanzas públicas y la economía estatal. Sinaloa es una entidad altamente dependiente de  los recursos públicos federales, su recaudación propia varía entre el 7 y el 8 por ciento del presupuesto anual de ingresos. Temas internacionales como el de los precios del petróleo, que junto con otros de mayor fondo han servido al gobierno federal como argumento –válido o no- para el “gasolinazo”, la depreciación del peso frente al dólar, el potencial problema que implicará la posible deportación masiva de mexicanos por parte del gobierno de Trump en los próximos meses, todos estos temas se mezclan con los estrictamente regionales: de acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en el segundo trimestre del 2016 la deuda total de estado  y municipios en Sinaloa era de 7,469 millones de pesos (más del 75 por ciento corresponde al gobierno y los organismos estatales y el restante 25 por ciento a los municipios y sus organismos), las obligaciones financieras de ambos representaban más del 46 por ciento de las participaciones federales, con lo cual se comprometen más de 500 millones de pesos de intereses anuales. A ello hay que agregar los compromisos heredados del anterior gobierno como el de dejar de cobrar la tenencia (alrededor de 500 millones anuales que no se perciben), uniformes escolares gratuitos (600 millones anuales), entre otros que sería políticamente muy costoso echar atrás. Se entenderá entonces que, en una perspectiva muy cierta de recorte y austeridad del gobierno federal, la capacidad de operación del gobierno local se verá severamente menguada.

La necesaria reconversión económica

A21. ¿Y la economía no tiene visos de mejora, por ejemplo ahora con la puesta en marcha del gasoducto, quizá la más prometedora herencia que dejó el gobierno de Mario López Valdez?

Desde hace rato sabemos que el problema de nuestra economía es el mismo que antes propició su despegue. Seguimos siendo muy dependientes del sector primario que a nivel nacional aporta el 12.86 por ciento  y a nivel local el 16.22. En la actividad manufacturera estamos significativamente por debajo de la media nacional (16. 21 nacional y 10.10 local), y la mayor parte de nuestra industria es alimentaria y agroindustrial. El problema de una estructura productiva con importante base en el sector agropecuario y la pesca es que es altamente sensible a las contingencias climáticas y a los fenómenos naturales como las sequías, las heladas y los ciclones. De ahí que el comportamiento del PIB estatal sea sumamente errático: -4.60 por ciento en 2009, 4.18 en 2010, -1.55 en 2011, 5.08 en 2012, 1.65 en 2013 y 2.99 en 2014. En promedio, y eso no es nada estimulante dado el mediocre comportamiento de este indicador en el país, Sinaloa ha tenido un crecimiento por debajo del nacional; estudios muy serios (como el de “Competitividad de los estados” que año con año realiza el ITESM) consignan una disminución en competitividad, desempeño, infraestructura, entre otros, de Sinaloa en comparación con otras entidades.

A21. Pero el gasoducto puede cambiar en parte este panorama, ¿o no?

Ciertamente, en la introducción de gas natural para uso industrial y doméstico a través del gasoducto, se deposita una razonable expectativa de reconversión productiva regional. Sin embargo, el hecho de que simultáneamente llegue a Chihuahua y Sonora, estados que hacen frontera con Estados Unidos, el principal mercado del mundo, nos pone en una competencia reñida y con algunas desventajas. El tema logístico es fundamental para que el gasoducto rinda los resultados esperados en Sinaloa. Se requiere contar con una plataforma que estimule la inversión mediante la construcción de parques industriales, incentivos fiscales, capacitación de mano de obra y educación pertinente a las necesidades de las empresas, las nuevas tecnologías, modernización de los puertos, promover asociaciones y alianzas para potenciar las inversiones locales. Te soy franco, no sé qué tanto se habrá avanzado en todo esto que podríamos llamar Plan Integral de Atracción de Inversiones y Relanzamiento de la Infraestructura Estatal y sus Potencialidades para estar en condiciones de aprovechar de la mejor manera las ventajas que el gasoducto puede traer consigo.

Y desde luego, es necesario trabajar en un nuevo Plan Integral de Desarrollo Agroindustrial que cree nuevas y más integradas cadenas productivas, considere el aprovechamiento de energías baratas y sustentables, promoción de los productos sinaloenses en el país y el extranjero, avanzar en definitiva en la culminación del sistema de riego de la presa Picachos, construir la presa Santa María, fomentar el establecimiento de unidades productivas en las zonas más empobrecidas, vincularlas con los principales centros de consumo en la entidad incorporando a los productores rurales del sector social a la economía de mercado, entre otras líneas de política económica.

A21. ¿Y eso cómo se fraguará, cómo te imaginas que pueden articularse estos planes?

No lo sé, seguramente será necesario incorporar expertise técnico, decisión empresarial y  capacidad política para reunir saberes y voluntades…

Partidos, medios y redes sociales

A21. Bien, se requiere voluntad, dices, volvamos entonces a la política. ¿Cuál es la situación del estado en este terreno, sus partidos, el gobierno, los medios, otros actores?

El tema es bien complicado. Empecemos por los partidos. Ahora mismo, el PRI sinaloense es una organización evidentemente burocratizada, sumida en la inacción y con una implantación social cada vez más frágil. Sus triunfos en los comicios de julio del año pasado para elegir Gobernador, presidentes municipales, diputados y regidores, obedecieron en buena medida al altísimo porcentaje de abstención registrado en las urnas, el PRI mismo tuvo una votación históricamente baja.

Del resto de los partidos, hay que decir que el PAN sigue consumiéndose en sus disputas internas y sus grupos locales enfrentados están al acecho de las decisiones con respecto a la candidatura presidencial del 2018 para actuar en un sentido u otro; el PRD cada vez se desdibuja más en la región (las marchas mismas por el “gasolinazo” lo han dejado en un papel muy subordinado, pues sus liderazgos provienen de otros espacios más bien ciudadanos y la convocatoria a la movilización ha estado fincada en las redes sociales); en el caso de MORENA, como ocurre en buena parte del país, se prevé que el próximo año levantará su votación local impulsado por el virtual efecto de la candidatura de López Obrador, pero después de eso es de esperarse que siga teniendo una presencia más bien marginal. PANAL, PVEM, PES, PT y Movimiento Ciudadano seguirán dependiendo de sus acuerdos con los llamados partidos grandes.

Caso especial es el de la organización regional representada por el Partido Sinaloense (PAS), cuya curva ascendente se ha mantenido constante desde su nacimiento formal en agosto de 2012. De hecho, desplazando al PAN de ese lugar, esta opción partidista se consolidó en las recientes elecciones como la segunda fuerza política estatal por el número de escaños obtenidos en la Cámara de Diputados y por las presidencias municipales y regidurías ganadas. En buena medida ha ocurrido así porque el PAS ha llenado los huecos de activismo político y gestión social que se han abierto por la falta de atención del PRI. Más allá de la vinculación del PAS con la UAS (que merece una discusión aparte), una pregunta que invita a la reflexión, sobre todo al PRI sinaloense, es la siguiente: ¿qué hubiera ocurrido si la alianza PAS-PAN hubiera cristalizado en la contienda por la gubernatura en Sinaloa?

A21. Ya nos hablaste de los apremios inmediatos y de los partidos, ampliemos la mira, ¿el poder Legislativo, otros poderes formales y fácticos, cómo los ves?

Esta es una pregunta interesante que pocas veces se hace en este tipo de entrevistas, siempre tan sesgadas hacia los nombres y apellidos de las figuras más notables. El poder Legislativo acusa características dignas de señalar. Está conformado, en su mayor parte, por políticos jóvenes con una incierta capacidad de iniciativa para legislar a tono con los requerimientos de la reconversión económica, la reforma del gobierno, los derechos humanos, el respeto a la diversidad y la política social que la realidad regional demanda (afortunadamente está en curso ya la discusión de la iniciativa de Ley del Sistema Estatal y Municipal Anticorrupción, el Tribunal de Justicia Administrativa, la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción –en la mecánica de cuyo nombramiento se está centrando el debate- y el órgano interno de control en el Instituto Electoral del Estado).

A21. A ver, ¿y los llamados poderes fácticos como los empresarios y los medios de comunicación o la iglesia?

Lo voy a decir crudamente. Como en todo el país y buena parte del mundo, en relación con el gobierno los medios de comunicación actúan con una doble lógica: hacer señalamientos dirigidos al gobierno y a los servidores públicos y establecer acuerdos en función de los resultados de esta acción. Esto no es responsabilidad exclusiva de las empresas dedicadas a este giro de actividad, es resultado también de la ausencia de una política de comunicación –y el mejor ejemplo, como lo han señalado Jorge Castañeda, Héctor Aguilar Camín, Fernando Escalante y Rubén Aguilar, entre otros, está en Los Pinos- que ofrezca insumos adecuados, interesantes y atractivos para su difusión, que aliente una pedagogía y una conversación pública más allá del (ciertamente comprensible) enojo de las redes sociales. Un replanteamiento de la relación entre la instancia pública y los medios es cada vez más necesario para evitar el mayor enrarecimiento de la atmósfera pública y social…

A21. Mencionaste a las redes sociales…

Sí, bueno, este es un asunto bien complejo. Por lo pronto, digo solamente que hay que dejar de lado aquella idea un poco chabacana de que las redes sociales pueden dar cauce a una democracia horizontal y, diríase, directa. Las redes son, en primer lugar, un entretenimiento, como tal no son ajenas al avasallamiento del mainstream, por un lado, pero por otro, en efecto, proveen información y hasta generan convocatoria social como lo estamos viendo con las movilizaciones a propósito del “gasolinazo”. Hay que tener cuidado, sin embargo, con los alcances que les atribuimos. Un buen ejemplo de los límites de la organización social y política desde el ciberespacio es el del #YoSoy132: en cuanto ese movimiento empezó a plantearse un programa de transformación global para el país, perdió su fuerza, se desdibujó en manos de grupos organizados que lo llevaron a su radicalización desnaturalizante…

Empresarios e iglesia: ¿qué compromisos?

A21. Interesante punto, ya veremos cómo evoluciona este tema del paso de internauta a ciudadano, como tú lo has planteado en algunos escritos, en los tiempos que vienen. Vamos, pues, a los otros actores.

Ante la ausencia de una interlocución organizada y con proyecto, corporativos empresariales de apellidos muy conocidos en la región (y en algunos casos en el país), generan sus propias iniciativas y condicionan al gobierno a su apoyo sin más, es decir, sin considerar las prioridades sociales que, por desgracia, desde la iniciativa pública no se plantean con claridad. Desde hace tiempo, inspirado en la producción historiográfica de estudiosos como Gustavo Aguilar Aguilar, me he hecho las preguntas: ¿por qué nuestros principales empresarios, nuestros empresarios históricos, no dieron (no han dado) el otro paso, el paso siguiente hacia el despegue definitivo de la economía sinaloense? Sin duda, la responsabilidad de este hecho no es exclusiva de los grupos empresariales. Seguramente los gobiernos federales y sobre todo estatales, con todos sus planes modernizadores  tan tributarios de los ejercicios puntillosos de planeación y tan carentes de consideraciones acerca de la realidad de la región y su historia, tienen parte de responsabilidad. Pese a ello, me parece que lo que es claro es que nuestras familias empresariales han sido demasiado prácticas y, por tanto, muy limitadas en su impacto en sectores estratégicos como el secundario. Lo que tenemos son grupos empresariales fuertes en los sectores primario y terciario (comercio, turismo y, últimamente, actividad financiera), en los que por naturaleza no hay agregación de valor a lo producido.

A esto hay que sumar su escasa participación en tareas civilizatorias en los ámbitos de la educación, la cultura y la vida social. Con alguna excepción (que, en buena lógica, sólo confirma la regla), nuestros empresarios han sido casi siempre patrones económicos, casi nunca patronos culturales. A lo largo de la historia moderna de Sinaloa, su compromiso civilizatorio, insisto, ha estado muy en entredicho…

A21. Hay aquí mucho que tratar, entonces, con la clase empresarial…

Sí, estoy convencido de eso. Su emprendurismo no ha supuesto un encadenamiento de valor para nuestra economía. Por lo menos en parte, este énfasis, seguramente inercial, puesto en actividades primarias y terciarias, como ha insistido en observar el académico Guillermo Ibarra Escobar, ha tenido que ver con la situación de medianía en que hoy se encuentra la economía sinaloense. Según los criterios de la CEPAL, y de esto ha hablado otro académico y periodista, César Velázquez Robles, nuestra región entra ahora mismo en la categoría de territorio estancado con serio riesgo de resbalar hacia territorio perdedor. Algo de esto se explica por nuestra geografía, algo por nuestra historia, algo por la visión de nuestros gobiernos, algo también por la mentalidad de nuestros empresarios.

A21. ¿Y la iglesia?

Como en una buena parte del país, la iglesia en Sinaloa (y me refiero, desde luego, sobre todo a la católica) ha recobrado un cierto protagonismo social que pone en cuestión la prevalencia del laicismo en temas civiles y públicos como los que el Presidente Peña Nieto ha puesto a la atención del Legislativo federal. Acá también, y cada vez más, la iglesia y sus brazos laicos han emprendido declaradas campañas contra la consagración de los derechos civiles de quienes reivindican la soberanía de la persona y la necesidad de una educación que forme en los más diversos temas desde una perspectiva de salud pública, como es el caso de la educación sexual en los libros de texto.

 

Los indicadores y la realidad de la seguridad pública

A21. Bueno, tenemos que pasar al tema inevitable, la seguridad pública y la violencia

Ya se sabe que la ubicación geográfica de Sinaloa es estratégica para el trasiego de drogas hacia Estados Unidos. Este es un asunto histórico y estructural que ha marcado la vida regional en sus distintos ámbitos. En el caso de la seguridad pública y la violencia delincuencial, los datos son, desafortunadamente, muy puntuales. De acuerdo con el Índice de Paz México 2016, Sinaloa es el segundo estado menos pacífico de la república, sólo por debajo de Guerrero. El Índice de Paz Metropolitano 2015, informó que de entre las 76 zonas metropolitanas más grandes del país, Culiacán fue la menos pacífica de todas. Esto, para no hablar de la impunidad que, de acuerdo con información del 2014 del INEGI, indica que de los delitos que se denuncian (que no llegan ni al 8 por ciento de los cometidos, es decir, más del 92 por ciento no se denuncian), sólo 16 por ciento llegan a una sentencia condenatoria. Además del equipamiento, los sueldos y la mejor capacitación de las policías locales, la insuficiencia de ensayos como la Fuerza de Reacción Inmediata o la intervención de las fuerzas policiacas federales y militares, que siempre será casuística por la consabida razón de su imposible presencia permanente en todo el territorio, el nuevo sistema penal acusatorio está en fase de ensayo-error. Sus resultados en el abatimiento de la impunidad se verán en el mediano plazo. Me parece que la necesaria capacitación de los cuerpos policiacos en los nuevos protocolos de actuación, lo mismo que la actividad pericial y, en general, la integración de las averiguaciones, así lo determinan, por lo menos hasta el momento.

A21. Ahora se habla también de una cultura para la paz…

Sí, ese es el afortunado título de una libro reciente de la estudiosa y promotora cultural Lucina Jiménez, que con su Consorcio Internacional Arte y Escuela (ConArte) ha demostrado cómo desde la intervención con dispositivos culturales se puede gestionar el conflicto en las comunidades. Ahora bien, aquí hay un problema: casi siempre que se habla de una cultura de paz o para la paz, el discurso se sesga hacia el tema de los valores, y entonces empieza a hablarse de la introducción de cursos sobre cultura de la legalidad y sobre valores en el sistema educativo, en las instituciones de todo tipo (públicas, privadas, empresas, organismos sociales, etcétera), y eso está bien, pero sigue sin entenderse que los valores son representaciones sociales, es decir, son producidos, practicados e interiorizados por la gente en entornos en los cuales se despliegan relaciones sociales que, en los hechos, propician la solidaridad, el respeto a las normas, a la diversidad, a la mujer, el combate a la exclusión…

A21. ¿Y no aprecias que se esté haciendo algo en este sentido?

No lo sé, conozco algunas iniciativas como la de “Parques Alegres”, pero no mucho más. Fíjate que hace unos días tuve oportunidad de asistir a una charla que dictó la Doctora Ilianna Padilla Reyes, una joven investigadora sinaloense, sobre la geografía de la violencia en Culiacán. Interesantísimo el trabajo suyo. Encuentra los lugares de mayor recurrencia delictiva, los sectores de donde provienen quienes delinquen (que no es lo mismo que donde se lleva a cabo la transgresión), luego hace entrevistas para conocer la recepción y la manera en que han procesado estas situaciones los empresarios de las zonas más afectadas, y ella hace hallazgos sobresalientes. Ubicadas las características de los lugares que están prohijando delincuencia (desde la ligada a homicidios hasta la propiamente patrimonial), encuentra que estas zonas son las que tienen una historia, desde los años setenta del siglo pasado, como asentamientos irregulares poblados por gente que tuvo que desplazarse del medio rural serrano o del valle hacia la ciudad, ni siquiera son las zonas más marginadas en términos económicos, de servicios o equipamiento urbano hoy en día, es decir, hay ahí una historia que debe hacerse para saber con qué conflicto estamos tratando y de qué manera debe gestionarse ese conflicto. Son los nietos o hijos de las primeras generaciones de habitantes a los que podríamos llamar los “fundadores”, quienes están protagonizando el conflicto social, por lo menos el que tiene que ver con la delincuencia organizada, en la ciudad, y creo que esto puede hacerse extensivo a centros urbanos como Mazatlán, Los Mochis, Guasave, quizá Guamúchil y Navolato.

A21. No sé si te puedas explicar mejor…

Las preguntas que desde la sociología, la antropología, la historia, la psicología social, tenemos que hacernos son: ¿de qué manera el narcotráfico afectó la vida de estas personas que tuvieron que abandonar sus lugares de residencia en el medio rural para venirse a la ciudad?, por así decirlo, ¿qué “rencor social” fueron acumulando?, ¿qué extrañamiento sufrieron al encontrarse en un lugar que no entendían y al que prácticamente arribaron con una mano delante y otra detrás?, ¿cómo procesaron sus descendientes ese extrañamiento, ese desencanto social?, ¿qué puertas encontraron abiertas para “rehacer” su vida, para reinventarse como gente con un presente y un provenir, y esto por cualquier camino que ellos pudieran transitar?, ¿qué nuevos códigos, fuera de la sociedad convencional, encontraron y fueron ellos mismos construyendo más allá de la esfera moral y normativa formal? Esas preguntas no nos las hemos hecho y, por lo tanto, más allá de fatigar la numeralia de los informes, los indicadores y los índices sobre violencia delincuencial (que ayudan mucho pero son insuficientes), más allá de plantearnos medidas punitivas, policiacas o de organizar algún torneo deportivo o llevar alguna actividad cultural, el asunto de fondo sigue siendo una incognita para los gobiernos: no sabemos con qué conflicto nos las estamos viendo, no conocemos su origen ni, por llamarlo de este modo, su fenomenología.

Intervención social desde el conocimiento

A21. ¿Y la educación y la política cultural qué tendrían que decir acerca de esto?

Yo creo que, al tiempo que se avanza en poner en claro el problema, pueden tomarse medidas importantes, desde ya, en la definición y puesta en marcha de verdaderas políticas públicas transversales. Por ejemplo, en materia de acción pública cultural, nadie debería ser tan ingenuo como para pensar que el conflicto desaparecerá, pero si no hay gestión de la diversidad, de lo que no “acomoda” en la narrativa social convencional, seguirá imponiéndose la acción reractiva, estrictamente punitiva y policiaca; si no hay gestión del conflicto, si no se le da cauce y no se crean espacios para su procesamiento, continuará siendo simplemente incontrolable. En esta idea, digo que es necesario ir más allá de las convenciones de la política cultural instrumentalizada como un mero factor de desarrollo económico, de entretenimiento o de agregación de valores estéticos o antropológicos a una sociedad. Con las nuevas realidades internacionales de la globalifobia de corte conservador y populista, la xenofobia, la exclusión, el aislacionismo, los nacionalismos exacerbados e inventores de su política de la memoria (ahí están el Brexit, la incertidumbre que ha provocado el arribo al poder de un hombre como Donald Trump en el país más poderoso del mundo), con todas estas situaciones, no se puede seguir atrapado en los esquemas programáticos convencionales de festivales, talleres, ferias, museos, exposiciones y demás líneas programáticas ya insuficientes para responder a la bunkerización de nuestras ciudades, el descuido y la impunidad en las comunidades, la subcultura del narco, la ecología urbana del miedo (en ciudades como Culiacán casi 3 mil cenotafios con cruces de metal, madera o cantera son el memorial tangible de un drama cotidiano).

A21. ¿Habrá ya la suficiente sensibilización en quienes toman decisiones para actuar en esta dirección?

No sólo los hombres públicos, sino los líderes de empresas y representantes sociales, deberían entender que, en principio, tenemos una nueva densidad social que puede ser aprovechada. Un ejemplo: las más de 70 Instituciones de Asistencia Privada (IAP) de las que tiene registro puntual la Junta que coordina al llamado tercer sector, es decir, el sector social, solamente en Culiacán. Estas instituciones, hasta donde yo sé, no están siendo convocadas para trabajar en propósitos más articulados que permitan aprovechar todo su potencial de servicio. Aquí, el caso es que nuestros tomadores de decisiones, como tú les llamaste, viven todavía presos de una narrativa anacrónica que nada tiene que ver ni con el aprovechamiento del capital académico que hay en Sinaloa, ni con la fuerza social que está ahí, atomizada y dirigiendo sus esfuerzos a causas muy específicas de orden filantrópico, de grupos de edad, de enfermos específicos, de marginación, de promoción cultural o educativa. Se trata de una narrativa de corto plazo que vive en la búsqueda de clientelas o nichos de capitalización de sus intereses políticos o económicos. Este es un problema delicado porque alude a la necesidad de desplegar una pedagogía pública y social que pasa por la interrogante que hacía el viejo Marx: ¿quién educa al educador? Espero que nos demos cuenta de esto más temprano que tarde, porque ahora que se ha vuelto a poner en boga, tendríamos que recordar la drástica advertencia de otro padrecito de la teoría social, John Maynard Keynes: “A largo plazo estamos todos muertos”.

 

 

Written by Redacción