De la vocación por el Museo

Hoy nos quedamos sin palabras.

Recuerdo la primera vez que entré al MASIN; iba acompañada de mi mamá.
Curiosa sobre el arte, a mis 17 años, pregunté si podía realizar el servicio social en esa instución. La señora Audi, encargada de taquilla desde hace más de 20 años, nos condujo a la Dirección, donde se encontraba Minerva; fue ella quien me aceptó como prestadora de servicio social ahí. No imaginaba que aquel día comenzaría mi travesía en el arte.

Algo que para muchos puede ser poco, para mí fue uno de los sucesos que marcaron mi vida. Creyó en mí, cuando, posiblemente, nadie lo hacía. Y desde ese momento, sentí que pertenecía a una segunda familia.

El día que me contrataron para trabajar en este lugar, Minerva recordó la primera vez que llegué a la institución. Recordó todo, como si esos siete años no hubieran pasado.

Es mi tutora, mi ejemplo a seguir. Por ella y por Inna Álvarez empecé mi labor a amar el acervo; a cuidarlo, a darlo a conocer con tanto orgullo a todos los niveles educativos. Ella me enseñó a observar cada cuadro, a cuidar cada pasillo, a conocer a cada uno de los artistas que componen el acervo.

Ahora que Minerva se retira, se siente un vacío. Uno enorme. Pero ella, su ejemplo, toda su humanidad, paciencia, preparación, permanece en cada uno de nosotros. Quisiéramos que esto no fuese así. Pero algunas veces la vida nos recuerda que tenemos que seguir adelante; en todo caso, hay que agradecer de haber colaborado con una mujer tan maravillosa.

En cada pasillo, en cada montaje, en cada subasta, en cada cuadro, en cada visita guiada, de algún modo ella seguirá presente.

Sara González Cisneros.

Egresada de la Unidad Académica de Artes Plásticas de la Universidad Autónoma de Sinaloa.