LITERATURA Y DERECHO, CRUCE DE CAMINOS DE LA CONDICIÓN HUMANA

Francisco Meza Sánchez

ldLiteratura y derecho. Ante la ley es un libro (un ensayo) basado en la conferencia del mismo nombre que Claudio Magris dictó en la Universidad Complutense de Madrid en enero de 2006. Desde las primeras líneas la erudición de Magris fluye con plena libertad de dominio; estamos ante una prosa permeada por un amplio conocimiento del tema y, a su vez, una incesante voluntad de autocuestionamiento. Así, a través de Kant, Magris aprovecha para irnos introduciendo en la materia de su reflexión, dado que nos recuerda que la interrogante: ¿qué es el Derecho?, nos dice, le provoca el mismo trance al jurista que al filósofo cuando a este último se le pregunta: ¿qué es la verdad?

Nuestro autor también reflexiona sobre uno de los dilemas que más animan y dilatan la cavilación jurídica: el Derecho correcto ante el Derecho éticamente justo; es decir, el primero ordenado por una voluntad soberana; el segundo, en cuanto justicia universalmente válida. Dice Magris, que el reino del Derecho es el reino del conflicto, y en contrapartida las relaciones puramente humanas —vuelve a decir— no lo necesitan: “el amor, la amistad, la contemplación del cielo estrellado no necesitan de códigos, jueces, abogados o prisiones”. Sin embargo, con agudeza, señala que cuando el amor o la amistad transmutan en violencia y atropello, esos códigos, jueces y abogados se hacen necesarios. Por otro lado, a la manera de un contrapeso, por no decir, de una oposición radical, Magris piensa, en primera instancia, a la poesía (la literatura en general) como un retorno “… a la edad de oro, de la inocencia de toda pulsión, del lobo y el cordero que abrevan amistosamente de la misma fuente”. Ambas visiones, literatura y Derecho, a simple vista,  podrían hacer pensar que están en constante oposición; sin embargo, parafraseando la respuesta de Jesús a Pilatos, la verdad es el hombre que está frente a ti, en fin, las contingencias de las relaciones humanas, pasiones y dramas, bajo la palabra que los arbitra: la ley. A su vez, esas contingencias serán la materia de toda literatura.

Magris construye su discurso a través de un pensamiento (poesía/Derecho) comparativo, llegando a conclusiones clarificadoras como: “En realidad, el arte juzga, pero reduce el juicio a la narración, sin condenar ni emitir veredictos, sino mostrando correctamente lo que significan, abatidos y fusionados en lo vivido, el bien y el mal”. De tal manera, el escritor italiano nos va explicando que autores como Joseph Conrand logran que sus personajes nos hagan tocar, no a través de una abstracta moralidad sino en la concreción carnal de la vida, aquellos dramas que se desarrollan en la existencia y que van trazando la historia de cada uno de los hombres; en este contexto, el arte es observado como un receptáculo de la condición humana: de la contingencia del ser. A su vez, Claudio Magris advierte la doble esencia moral de la literatura:”… enemiga de la ley abstracta y descarnada, ella es la encarnación de la ley”. Y nos ejemplifica dicho argumento con el uso que hacen los fundadores religiosos de parábolas y de narraciones épicas, las cuales sirven para que esa verdad abstracta que desea transmitirse pueda tener una representación y un adoctrinamiento en la vida cotidiana.

Otro de los puntos que se tratan en Literatura y Derecho ante la ley es el del Derecho natural como una piedra fundacional de los derechos universales del hombre; para ello, nuestro autor analiza el drama de Sófocles, donde Antígona simboliza el derecho de la tradición y del sentido de justicia natural frente a la tiranía de Creonte que simboliza en sí mismo el derecho positivista, muchas veces, caracterizado por su hermetismo. De nuevo nos encontramos a un Magris que trae a colación conceptos clásicamente contrastantes entre sí para poder abordar la complejidad de su tópico, que es precisamente cómo estos conceptos que pertenecen a un espacio entendido, generalmente, como ajeno a la literatura son punto de partida y punto de encuentro de grandes obras literarias; no obstante, Magris sigue estructurando su discurso con la incorporación de posiciones divergentes, y así nos trae a tema que Hegel pensaba en el derecho natural como un moralismo ingenuo y abstracto, el cual se opone a una moralidad superior: el Estado. De ahí la riqueza del pensamiento de Magris, quien calibra su escritura con argumentos y conceptos procedentes de escuelas o ideologías que regularmente se contraponen, articulando con la maestría del catedrático humanista una gran cantidad de ejemplos que giran alrededor de sus posiciones críticas. Precisamente una de las virtudes de este libro es que tiene un contenido didáctico y documentado, pero expresado bajo un tono conversacional que de pronto nos hace imaginar que Magris está platicando con su lector.

Para nuestro autor la creciente negación del Derecho natural en nombre de la historia degenerará en la negación de lo universalmente humano; otra vez Antígona, enterrando a su hermano aun contra las disposiciones del Estado, es el ejemplo que sirve de trampolín para exponer el dilema de lo justo ante lo concretamente legal; habría que recordar, en estos momentos, los juicios de Núremberg donde los oficiales nazis apelaban haber actuado bajo el mandato de la Ley alemana; de ahí la contradicción histórica en la constitución ontológica del hombre, asunto que subyace, a la manera de un mar de fondo, en el libro que ahora nos ocupa. Por ello, Magris expone: “… la necesidad de establecer las fronteras entre valores ya no discutibles (por ejemplo, la igualdad independientemente de la identidad étnica o sexual)”.

Bajo el peso de esta ideas, Literatura y derecho ante la ley nos señala que el fenómeno de la globalización supone una nueva apertura para que los hombres puedan relacionarse, pero también produce nuevas formas de conflictos entre los mismos; por ello, explica nuestro autor, es necesario que las leyes se transformen y se adapten ante los cambios tecnológicos y sociales; tomando las mayores previsiones para poder tutelar a las víctimas. Es relevante destacar, ante los importantes cambios que están sucediendo en materia jurídica en nuestro país, lo recién mencionado; sin embargo,  en esta obra también se nos advierte que no debemos de caer en un romanticismo donde los débiles deban de ampararse bajo la figura del héroe épico que los salvará, en cada ocasión, del asedio de los villanos; sino replantearnos cuáles son los mejores mecanismo para que el Estado brinde tutela, atención y  legalidad a su población.

Para Magris los valores fríos (democracia, lógica, Derecho, etc.) son los que permiten al hombre de carne y hueso cultivar los valores cálidos: amor, amistad, pasión, por mencionar algunos; para Magris la libertad de un ciudadano llega hasta que no afecta y violenta la libertad de su congénere, de su igual, y cuando esto sucede debe ser el Estado el que regule el acto violento y sus consecuencias; pero también señala que el legislador que castiga la corrupción es un artista que sabe imaginar la realidad; en fin, Magris se imagina y nos hace imaginarnos a ese legislador dotado de cultura y sabiduría; a ese legislador que veía en su oficio un arte para que cada individuo pudiese vivir con libertad su vida irrepetible, cultivando tanto a sus dioses como a sus demonios, sin ser sometido e impedido por la voluntad del más fuerte.

Written by Redacción