Los huesos cardios de la literatura mexicana

 

Num 18 | Sinaloa y su porvenir

Nino Gallegos

En algún lugar de la sierra madre occidental, se piensa oxigenada y claramente, aunque haya nubarrones más arriba, en medio y más abajo hay  agua nieve y una matinal nevada.

Uno asciende en el bosque de los pinos y los encinos como quien conoce el bosque detrás y atrás del árbol con sus parajes y guaridas, roquedales y oquedales, senderos y laderas, serpenteantes arrugas de arroyuelos y riachuelos secos, y por las orillas, escaladas y escarpadas, miradores y parajes en promontorios y acantilados, y al final sin final de una meseta, La Meseta, con una ventana abierta de piedra.

A la ventana abierta, de piedra, le pasan la sangre de luz y el viento de los ecos, lo que le venga del mundo de arriba, del cielo de en medio, y, de la tierra de abajo:

Tratándose de la creación literaria en la república de las letras mexicanas, la tradición, la ruptura y la modernidad han pasado revista, suplemento y libro desde la onda de José Agustín a la narca de Elmer Mendoza. La juventud, creativa y literaria, a quince años del siglo xxi, hace tiempo que envejeció más procaz que precozmente.

Luis González de Alba, al recriminarle a Elena Poniatoswka, cuestiones más familiares que literarias antes, durante y después de suicidarse, reabrió lo inevitable: la literatura, y no el periodismo, está en deuda y en duda ética y moralmente, y no es para que Luis Glez. de Alba sea el héroe de la gasolinera en ausencia y Elena Poniatoswka sea la heroína en presencia, porque nunca hubo ni hay héroes y heroínas, menos niños héroes y adelitas revolucionarias. El heroísmo, si es que existe, es el de los cobardes como los gobernantes, los políticos, los empresarios, los intelectuales, los militares, los narcos y los sicarios.

“Los periodistas no podemos esconder la violencia”, es lo que consigna Pedro Valtierra.

Entonces, ¿por dónde la literatura, menos poesía y más novela?: pues por las editoriales, a la caza de talentos literarios pero comerciales, por los premios y las becas que se sabe, de antemano y por amigos jurados, cómo entrarles y ganarlos.

Ahora sí, el respeto al derecho ajeno es violarle y matarle la vida, porque no es siquiera una guerra: es un rastro y/o es un matadero público. La paz de los sepulcros no está en los camposantos, los panteones, los cementerios, las fosas clandestinas, y, las fosas comunes. Urgencia y contraurgencia entre matones, haiga seido como haga seido: matar un niño es desgraciar a una familia, matar un adolescente-un joven por consumidor y distribuidor. No es la sociedad. Es la gente mala de siempre, cuando la gente está en todos los lugares, los sitios y las partes de las ciudades.

Sí, los huesos cardios de la literatura, hija de padres autoritarios y hermana de la democracia abusada, corrompida y prostituida impunemente, ha pasado y pasa del temor al miedo, del terror y al horror con una indiferencia y una indolencia que debe(ría) horrorizarse (de y en) sí misma, siendo más plástica, maleable y plastinada, porque la versatilidad de la literatura pasa del novelista al-analista político o politólogo o del novelista o del poeta a funcionario cultural o de plano a dandy intelectual en trienios municipales, cuatrienios universitarios y sexenios estatales y federales. Por eso no hay escritor ni poeta que se mueran de hambre: todos los oficios y todas las profesiones son por la cercanía a El Príncipe, a El Mecenas, a La Secretaría de Cultura y a El Estado como para decir que nunca se había dado tanto acercamiento, acomodamiento, confortamiento y reconocimiento con los huesos cardios de la literatura mexicana; por eso su crisis en la creación literaria y en la vida funcionaria, porque en tiempo de crisis para qué la literatura y la poesía en un país de sombras espectrales.

Javier Sicilia, padre de un hijo asesinado, de poeta-renunciante a hombre-denunciante, no haya dónde más que los muertos, los desaparecidos y los desplazados: el re-encuentro del hombre-denunciante con el poeta-renunciante es para revelar-rebelarse en un ser humano de su propia condición humana: El Deshabitado, porque se quiera o no, la poesía da para eso; para la deshabitación, la desposesión y la desolación, estando quizás más cerca de Juan Rulfo que de Octavio Paz. O con El Hombre Rebelde de Albert Camus:

El hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es. La cuestión de los otros y de sí mismo, si toda rebelión debe terminar en justificación del asesinato universal, o si, por el contrario, sin pretender una inocencia imposible, puede descubrir el principio de una culpabilidad razonable.

De la culpabilidad razonable a la complicidad y a la racionalidad-racionada con la indiferencia y la indolencia sociales, a la gente, no se le puede exigir que se comprometa con su culpabilidad razonable, porque cree que las palabras no valen ante las imágenes: no es lo mismo cientos de pájaros volando que matar dos pájaros de una sola pedrada. Por ello cientos de muertos, desaparecidos y desplazados, emergiendo de entre la culpabilidad razonable: pueblo bueno-gobierno malo, la llegada de un hijo buscando a un tal Pedro Páramo. A veces, la inocencia de la primera infancia, es la última culpabilidad del adulto infantilizado: se pasa del asesinato personal al crimen universal. Después de todo y de todos, la rebelión, se revela en lo analógico de lo blanco y lo negro y se fullcoloriza en el color digital de las imágenes: el selfie del hombre contra sí mismo, en tanto, la sombra del poeta, es el cuerpo muerto del hombre. Walter Benjamin:

Una terrible conciencia de culpa que no sabe cómo expiarse, recurre al culto no para expiar la culpa sino para hacerla universal.

En un país de sombras espectrales, a nada, a nadie y a alguien, la vida, nomás les importa como una sonora espectacularización en que al Estado de Derecho y a los Derechos Humanos, se les va la vida como una simulación del hombre y como un simulacro del poeta: de la terrible conciencia de culpa a la crisis de  conciencia y existencia.

En la impostura de los huesos cardios de la literatura mexicana, el cisne y el cuervo en la fantasmagoría de los escritores y los poetas jóvenes, tan escatológicos como tautológicos, capoteando al Minotauro sin cuernos, que no serían capaces de renunciar a la literatura y a la poesía y menos que les cortarán una pierna porque importa más la estética del selfie en un harapiento Facebook de moda en las redes sociales, donde atrapan a las moscas muertas de (los y las) internautas. Pablo Neruda:

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,

y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

Parece que los ojos se te hubieran volado

y parece que un beso te cerrara la boca.

De los poetas infrarrealistas, hay que-quedarse con los poetas salvajes porque no nacen ni se hacen como antes, o como Jaime Sabines que una vez lo dijo: “El poeta, no debe andar tocando puertas, sino derribarlas a patadas”, es lo que no hacen ahora, pues eso de patear el pesebre y para qué entonces el internet y el correo electrónico para mandar sus textos de narrativa y poesía a su amigo del jurado equis de literatura hasta con pos(t)data y toda la co$a con la botana y la copa en la Linda República de las Letras Mexicanas, cerrando el Círculo de Poesía y de la literatura. En la oferta editorial y en la demanda literaria, nada, nadie y alguien pueden, serse y hacerse, escritores y poetas, desde el harapiento al dandy con cola de caballo, lindo, republicano, progres y demócrata: si Peña Nieto hubiese sido escritor o poeta, otro gallo nos hubiera cantado en el amanecer de la madrugada con La Gaviota en el tejado, pero cuando hay pájaros nalgones, patos en los charcos y guajolotes que no son pavos, les juro que el campo casi se nos ha acabado.

En otras palabras que, por siempre, son las mismas palabras, los huesos cardios de la literatura mexicana, son los mismos huesos cardios de otros huesos cardios que han sido los huesos cardios ancestrales que, con el tiempo y con el espacio, fueron encontrados con la paleoantropología en las fosas clandestinas y comunes de una vida muerta, desaparecida y desplazada por movimientos telúricos, políticos y socioculturales en los últimos años de los primeros años sexenales en un país de sombras espectrales, pero a nada, a nadie y a alguien les gusta decir que esos huesos cardios son de nuestros antepasados porque son huesos cardios de otros que se quedaron atorados en las grandes corrientes de agua por túneles subterráneos que vinieron a emerger con las excavaciones y edificaciones de desarrollos turísticos inmobiliarios en terrenos donde fueron lugares sagrados y ahora han sido profanados por los muertos, los desaparecidos y los desplazados.

Es posible que con la renovada y la innovada cultura de lujo y artística que Gilles Lipovetsky ha estado promoviendo con ella desde el capitalismo que la tiene metida con calzador y al calce en el consumismo, los artistas, los escritores y  los intelectuales ven y sienten y hasta se inspiran en las prebendas (premios) y en las dádivas (becas) creyéndoselas que se las merecen para sus selectivas zonas de confort sociocultural: la corrupción, porque en las bellas artes está la corrupción y la impunidad con que los sexenios presidenciales llegan y han dejado hacer y pasar como pasan los hacedores o los creadores que son mantenidos en las pro-actividades socioculturales de lujo y artísticas: les bons vivant o los buenos vividores y/o los funcionarios culturales, royendo los huesos cardios de la literatura mexicana.

En los huesos cardios de la literatura mexicana, ni son todos los que están, ni están todos los que son, así como los que no están en la foto y menos en el presupuesto, teniendo que hacer de tripas-corazón, pero nada, nadie y alguien  van a morir de hambre en lo que va de este sexenio y el que viene, porque el hambre no está en la necesidad y sí en la voracidad trienal, cuatrienal y sexenal. Si algo pesa en el capitalismo de lujo y artístico es la burocracia sociocultural de este país en sombras espectrales, sí están todos los que son, aunque no sean los que protagonizan que sí lo son, otros son los que lavan los platos y no se comen los platillos cuando de comidas, cenas y bufetes se pongan entre la comilona y la dieta de alcohol para el desempanze, y por más que uno quisiera omitir estas últimas situaciones dadas en los huesos cardios de la literatura mexicana, no faltan quienes buscan y encuentran que se les homenajeen y reciban en vida lo que no obtuvieron como escritores y poetas: lectores. Y si no y si sí, allí están las fundaciones como la Fundación Octavio Paz que pasó a ser y hacerse la vulgar Fundación de Letras Mexicanas.

Los huesos cardios de la literatura mexicana, estén-en-donde-están, los de la Revolución, los de Tlatelolco 68 y los de Ayotzinapa, todavía guardan el hedor a crimen de Estado y como crímenes de lesa humanidad por los presidenzuelos, Calderón Hinojosa y Peña Nieto, que deben ser juzgados por la Corte o el Tribunal Internacional de Justicia.

Los huesos cardios están en los sepulcros no santos ni con el olor de santidad, sepultos e insepultos en los camposantos, panteones, cementerios, fosas clandestinas y fosas comunes: son los huesos cardios del corazón y de la memoria, más en la  redacción periodística que en la escritura literaria, cuando el largo y/o el corto aliento de la poesía retoma su lugar natural por ser más orgánica que transgénica, más arriba en el mundo, más en medio del cielo y más abajo en la tierra, citando un fragmento del poema: Memoria de la especie, del compañero muerto hace tiempo, Raúl Navarrete:

Nadie lo sabe. Somos seres con movimiento, olvido, polvo de la tierra que se deshace.

En ella (fantasmas del olvido y del miedo) nos movemos un poco y palpitamos también. Luego nos apagamos.

…Los hombres han caído.

Por los caminos de la tierra nadie viene.

 

 

 

 

 

Written by Redacción