Doctorados con o sin causa en la UAS

Num. 7 | Reivindicar Sinaloa

Ernesto Hernández Norzagaray

 

La UAS  ha entregado 34, y próximamente serán, 36 Doctorados Honoris Causa a lo largo de 64 años. El grado en mención es una especie de Nobel que las Universidades del mundo occidental “conceden a una persona sin que tenga que pasar por los trámites necesarios para obtenerlos, sino como reconocimiento a sus especiales méritos”. Luego, entonces, este Doctorado es una distinción honorifica que si bien lo otorga una institución académica el receptor es el que viste a la institución con sus méritos, y por ende, cada uno de estos reconocimientos debe ser cuidadosamente seleccionado para evitar que se conceda por razones distintas al espíritu y la esencia de una Universidad.

En la UAS, como muchas de sus decisiones, no es ejemplo de ese espíritu y esencia. Desde 1951 se otorga este grado a una mezcla de hombres y mujeres reconocidos, que no siempre excelsos –y, por cierto, ese grado únicamente se ha otorgado a dos mujeres por fortuna excepcionales: Elena Poniatowska e Inés Arredondo.

Así, podríamos clasificarlos entre los que se han otorgado a políticos, burócratas, ex rectores propios y ajenos, o universitarios en el sentido más amplio de la palabra por su obra y los beneficios que hayan traído a su sociedad incluso a la humanidad. Acerquémonos, entonces, un recorrido sucinto a una parte de estos 34 galardones que teóricamente se ciñen al precepto ético ‘por razón o causa de honor’.

El primer Doctorado Honoris Causa qué entregó la entonces Universidad de Sinaloa fue en julio de 1951, siendo Rector Humberto Bátiz Ramos (1950-1956) y su beneficiario fue nada menos que el ex Presidente Miguel Alemán Valdez, un mandatario qué pasó a la historia como reformador, pero quien también sepultó muchas de las conquistas sociales del cardenismo además al ser quien propició la conversión del PRM en PRI creando de esa manera el partido de Estado que gobernó bajo esas siglas más de cinco décadas.

Quizá, para compensar este sesgo eminentemente político, el siguiente Rector el concordense Clemente Vizcarra Franco que solo lo fue en el 1962, otorgó la distinción a Solón Zabre Morel, quien había sido rector de la UAS (1937-1938), y fue destacado militante comunista y cardenista, hombre comprometido contra los abusos del llamado grupo 33, es decir, el mismo número de familias que tenían control absoluto del sur del estado.

Luego, vendría la gestión de Julio Ibarra Urrea (1965-66), quien ha sido el rector que más grados honoríficos ha entregado con siete de ellos. El más visible fue para el todavía Presidente Adolfo López Mateos que se entregó el 10 de noviembre de 1964 y, además, lo recibieron dos intelectuales de renombre como fueron Jaime Torres Bodet y Bernardo J. Gastélum, escritor y reconocido mecenas sinaloense del llamado grupo cultural Contemporáneos donde coincidían entre otros Jorge Cuesta, José Gorostiza, Carlos Pellicer o el sinaloense Gilberto Owen.

Luego, pasarían once años turbulentos, sin que volviera entregar un grado de este tipo. No lo hicieron Gonzalo Armienta Calderón, Jesús Rodolfo Acedo Cárdenas, Marco César García Salcido, Arturo Campos Román ni Hugo Federico Gómez Quiñónez, y lo reanudó el segundo rector de la ola comunista Eduardo Franco (1977-1981), que otorgó lo que para mi gusto debe ser el perfil de quienes lo reciban: Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco y  Juan de la Cabada, todos ellos destacados escritores que han dejado un legado valioso a la nación.

Jorge Medina Viedas (1981-1985), en medio de la borrasca de la defensa de la integridad de la UAS, continua con esta tradición iniciada por Eduardo Franco, entregando cuatro de estos doctorados con un desliz, tres de ellos son para ex rectores que no por ello desmerece su obra científica e intelectual: Se trata de Rodolfo Monjaraz Buelna (UAS, 1947-1950 y 1966-1969), Luis Rivera Terrazas (BUAP) Pablo González Casanova (UNAM) y el artista plástico José Luis Cuevas.

Audómar Ahumada Quintero (1985-1989), en ese mismo aliento de dignificar la distinción lo entrega a la hasta ahora la mayor escritora que haya tenido Sinaloa: Inés Arredondo y al ex Rector de la UAS: Raúl Cervantes Ahumada (1945), quien había tenido una fructífera carrera académica en la UNAM y fue un destacadísimo jurista internacional con una obra vasta que le ganó múltiples reconocimientos dentro y fuera del país.

David Moreno Lizárraga (1989-1993), durante su gestión como Rector rompe con esa tradición vanguardista y solo distingue con el grado honorífico al químico Ernesto Camacho Sánchez, un profesor de la Universidad muy reconocido en su ámbito de acción académica que era la Facultad de Químico Biológicas de la UAS, y es quizá, el galardonado más local de todos los que habían sido distinguidos hasta ese momento.

Rubén Rocha (1993-1997) entrega dos veces el grado a sinaloenses destacados, uno de ellos una personalidad en el campo de la economía internacional, como lo fue José Luis Ceceña Gámez quien era toda una referencia en la Facultad de Economía de la UNAM y el otro al mazatleco Jesús Kumate, político y médico con una larga y fructífera trayectoria en el campo de la infectología que desarrolló a su paso por las áreas de investigación en la Escuela Médico Militar, la UNAM y el Politécnico.

Jorge Luis Guevara Reynaga (1997-2001), otorgó tres veces la distinción: El primero al mocoritense Octavio Paredes López, un ingeniero bioquímico  quien fuera Presidente de la Academia Mexicana de Ciencias y miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM; al escritor Carlos Fuentes, con quien la UAS tenía una deuda desde 1972, cuando se negó a recibir el Premio Mazatlán de Literatura en solidaridad con la institución cuando había sido intervenida por el gobierno del estado y se habían asesinado a dos de sus estudiantes.  Fuentes además de contar con una vasta obra en el campo de la literatura y el ensayo político, siempre fue un claro defensor de lo mejor de América Latina y quizá uno de los más importante librepensadores que haya producido México; y  no menos relevante, es el reconocimiento que se le otorga al sacerdote  Samuel Ruiz García, el infatigable luchador por los derechos indígenas en Chiapas y pieza clave para entender el levantamiento zapatista del 1 de enero de 1995.

Gómer Monárrez González (2001-2005) otorgó dos veces el grado, uno al mayor poeta sinaloense Jaime Labastida con una obra muy vasta y el otro al ex rector de la UNAM,  Juan Ramón de la Fuente, quien es justo  decir que es un reconocido científico en la medicina psiquiátrica y un personaje de la vida pública nacional. Hoy, por ejemplo, se le maneja como posible candidato independiente a la Presidencia de la República.

Llega Héctor Melesio Cuén Ojeda a la rectoría (2005-2009) y entrega el grado al mochitense  José Enrique Villa Rivera, actual presidente de El Colegio de Sinaloa, antes Director General del IPN y el Conacyt. Su perfil una mezcla de político y administrador con trayectoria académica. El otro fue para José Ángel Espinoza, el popular Ferrusquilla, personaje del cine mexicano y autor de canciones de toda una época.

El Rector Víctor Antonio Corrales Burgueño (2009-2013), quien ha sido el único Rector miembro del SNI  y del que se esperaba mucho más, entregó el grado al todavía Rector de la UNAM, José Narro Robles defensor de la universidad pública, a Rodolfo Tuirán Gutiérrez, economista, demógrafo y Subsecretario de Educación Media Superior en la SEP  y al cubano Juan Vela Valdés, médico y ex rector de la Universidad de Camagüey.

Finalmente, está la entrega del grado que otorgó la UAS a través del rector Juan Eulogio Guerra Liera (2013-2017), al excelente pintor costumbrista mazatleco Antonio López Sáenz, quien además también es miembro de El Colegio de Sinaloa, y próximamente este mismo Rector hará hará entrega del título a Jorge Medina Viedas, político, politólogo, actualmente funcionario público de la SEP y con un historial relevante en su defensa de la UAS en los ya lejanos y aciagos años ochenta; crítico atemperado por la experiencia de los años de quienes hoy le otorgan el reconocimiento; el otro es José Ángel Pescador Osuna, ex Secretario de Educación Pública, ex Presidente de El Colegio de Sinaloa, ex Rector de la UPN. Político que fue alcalde de Mazatlán, aspirante a gobernador del Estado y una obra  en estudios sobre educación.

En suma, los Doctorados Honoris Causa que ha entregado la UAS, podríamos concluir que muchos de ellos han sido actos políticos y de relaciones públicas, los menos son perfiles ad hoc a este tipo de reconocimiento sustantivo que en su momento le dieron lustre a la imagen y actividad de la UAS.

Quizá, por ello, es importante retomar lo mejor de esta travesía para que esta distinción realmente lo sea tanto para la institución que lo otorga, como para quien lo reciba. La UAS podría hacer mucho con el otorgamiento de este grado honorifico a personajes de las ciencias, las tecnologías, las artes, la política no sólo de México, sino de América Latina e incluso los Estados Unidos de Norteamérica y Canadá, congruente con el discurso de la internacionalización que en las últimas gestiones rectorales ha sido reiterativo hasta parecer por momentos sólo retórico.

Zapopan, octubre de 2015

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Written by Redacción