Manejo de la informacion periodística durante el movimiento del 68 y su coerción con el gobierno.

Por: Gloria Nohemí Castillón Barraza

 

Durante la década de los sesenta, en el Siglo XX, las principales ciudades de Occidente mostraron una efervescencia en su devenir cotidiano con la movilización de grupos estudiantiles provenientes de las universidades, algunas de ellas de mayor prestigio, desatando un accionar que pretendía reformas sociales a los sistemas establecidos.

En Europa, el mayo francés conmocionó al continente entero, convirtiéndose en una referencia obligada del sentir universitario y que sería portavoz de los cambios que la sociedad ameritaba; asimismo la Primavera en Praga cuestionaba el llamado socialismo real y exigía profundas reformas que hicieran ver al socialismo de una manera más humana; en España, algunos movimientos recrudecieron sus acciones en oposición al franquismo. En América, la ciudad de Berkeley se vió inundada de jóvenes estudiantes protestando activamente en contra de la guerra de Vietnam y en pro de los derechos civiles; en la Ciudad de México, Tlatelolco se cubrió de sangre con la muerte de decenas de estudiantes masacrados por el ejército mexicano bajo el mando del gobierno.

A pesar de que cada movimiento se dio en un contexto diferente, de ninguna manera se puede aislar uno de otro ya que se dieron en el mismo período y, aunque cada uno tuvo causas y motivos singulares que lo generaron, los actores forman parte de un colectivo digno de estudiarse. Algunos protestaban por el sistema de gobierno y el hastío que esto provocaban en la ciudadanía; otros pugnaban por la idea de un cambio en el sistema social que diera igualdad de derechos a la población en general y otros más por la dignidad y autonomía universitaria.

Si bien cada movimiento no logró el total de sus demandas, el cambio de ver y de hacer las cosas fue inminente tanto para los gobiernos como para las universidades marcando un parteaguas en la dinámica de la acción. En México, la intención transformadora se enfrentó al autoritarismo del Estado mexicano que en muchas ocasiones ha resuelto los asuntos más por la represión directa que por la búsqueda de soluciones negociadas y pacíficas, donde ambas partes cedan algo de sus demandas por un trato común que beneficie a ambas partes en el conflicto.

Según Alan Touraine: “los movimientos estudiantiles en particular distinguen cuatro elementos que los caracterizan: es un movimiento de sectores modernos; va dirigido contra la institución universitaria; está ligado al problema generacional; y es más que todo culturalista”. Y cada uno de los movimientos estudiados lo confirman al pretender la posibilidad de conseguir un cambio real o resolver un conflicto.

Los acontecimientos que dieron lugar a la crisis de mayo de 1968 en Francia  tuvieron su origen en un movimiento de revuelta estudiantil que rechazaba los valores de la sociedad de consumo donde los jóvenes fueron críticos severos de la sociedad capitalista a la cual rechazaban citando a Marx, Mao y Marcuse. El que se haya dado en Francia obedeció a la combinación de dos factores. El primero fue el masivo incremento de la población estudiantil universitaria que originó una sobrepoblación en todas las facultades que se pronunciaban incapaces de recibir adecuadamente en sus aulas a tantos alumnos. En segundo término, la presencia en Francia de un minúsculo pero activo grupo de estudiantes con ideas revolucionarias coaccionados por el alemán Cohn-Bendit. Este grupo se dedicó a movilizar a una cantidad cada vez mayor de estudiantes mediante la táctica acción-represión aprovechando la brutalidad policial. Ante los repetidos incidentes,  la facultad de Nanterre que había sido el lugar de origen de la protesta, fue cerrada el 2 de mayo, trasladándose la revuelta a la Sorbona y alcanzando su punto álgido en los enfrentamientos con la policía durante la noche del 10 de mayo en las calles del parisino Barrio Latino.

La prensa española prestó una considerable atención a esta etapa estudiantil. Fieles a líneas ideológicas diferentes, interpretaron de formas diversas y a la vez contrapuestas los sucesos del vecino país. Dentro de los medios periodísticos, La Nueva España y Arriba, consideraron los acontecimientos como de una enorme gravedad y proponían una mayor ferocidad en la represión de sus manifestaciones al mismo tiempo que reprobaban el actuar de las autoridades francesas a quienes calificaban de tibias ante el movimiento. Por su parte, los periódicos ABC y el vespertino Informaciones, ambos conservadores, compartieron la idea de los anteriores acerca de la gravedad de los acontecimientos y de lo peligroso de la situación pero se mostraron neutrales ante el actuar de los estudiantes y no recomendaron un aumento en la actividad represiva; sin embargo, el diario liberal La Vanguardia defendió la prudencia del gobierno considerando que “su política para con los estudiantes se caracteriza por ahora por un sabio estira y afloja”, incluso ubicó la revuelta de los estudiantes franceses en el contexto de un profundo descontento de la población universitaria occidental y al mismo tiempo expresó simpatía hacia los estudiantes al considerar que eran valientes en manifestar los hechos que consideraban habían de cambiar.

Lejos de acallarse las protestas, el 13 de mayo se agravó el conflicto al paralizarse los servicios públicos en París y manifestándose alrededor de 300,000 personas algunas de ellas pertenecientes a empresas muy reconocidas como Renault. El Presidente francés Charles de Gaulle, después de muchas negociaciones brindó un discurso el 30 de mayo en el que anunciaba la inversión de la situación de conflicto.

El mayo francés fue el comienzo de un proceso social y político que sucedió en los últimos años de los sesenta y que se extendió por todo el mundo. En 1968 empezaron las rebeliones estudiantiles en Occidente desde Polonia, Checoslovaquia y Yugoslavia hasta Estados Unidos y México, estimuladas todas ellas y en gran medida por la erupción del mayo en París. Aunque en distinta forma, todas mostrando una enorme insatisfacción  por el poder en todas sus formas.

El movimiento estudiantil de 1968 fue uno de los acontecimientos más significativos del México contemporáneo. La enorme contradicción que encierran esos años es que se vivió, simultáneamente, una cierta prosperidad económica y un terrible autoritarismo político donde el   Ejecutivo y, más puntualmente la Presidencia comandada por Gustavo Díaz Ordaz tenía grandes atribuciones y utilizaba medidas extremas para desarmar cualquier asomo de inconformidad. Es posible que las causas concretas que originaron el conflicto del 68 no se conozcan claramente, pero comenzó como un incidente sin importancia ocurrido en la Ciudad de México entre los estudiantes de dos preparatorias, hecho que tuvo lugar el viernes 19 de julio de 1968. Días después, el 22 de julio, otra pelea entre estudiantes de la Vocacional y de la preparatoria particular Isaac Ochoterena, en la Ciudadela, puso de manifiesto la rivalidad entre el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y las preparatorias incorporadas a la Universidad Autónoma de México (UNAM) A partir de allí se comenzó a escribir la historia de este suceso al ser rebasada la autoridad policial y la intervención del Ejército tratando de contener la revuelta.

Dicha intervención caldeó los ánimos de los estudiantes contra sus represores  y la revuelta empezó a tomar forma de movimiento cuando el 30 de julio, los militares dispararon un proyectil de alto calibre a una escuela, generando una total indignación en todas las esferas de la sociedad, sobre todo las culturales quienes levantaron las banderas de la autonomía universitaria y organizando una manifestación el día 1 de agosto liderada por las autoridades universitarias en las que reprobaban el proceder de los militares. Las peticiones de los jóvenes se centraban en la libertad de expresión y del respeto a la autonomía universitaria. En el movimiento social ya participaban, además de estudiantes de la UNAM y el IPN, profesores, intelectuales, amas de casa, obreros y profesionistas en la Ciudad de México siendo el 2 de octubre cuando una manifestación fue reprimida en Tlatelolco, propiamente en la Plaza de las Tres Culturas y donde intervinieron el ejército mexicano y el grupo paramilitar Batallón Olimpia por orden del gobierno en contra del Consejo Nacional de Huelga (CNH). Decenas de estudiantes fueron masacrados y otros tantos fueron capturados en los edificios aledaños a la plaza.

El escozor que causó el movimiento estudiantil y que tuvo una reacción extrema por parte del gobierno, podría obedecer a su paranoia al pensar que grupos de izquierda se estaban infiltrando en la sociedad mexicana para crear confusión y alterar el orden previo a los preparativos de la decimonovena edición de los Juegos Olímpicos en los que México sería anfitrión. Para estas fechas un gran número de periodistas extranjeros se habían instalado en la Ciudad de México con la finalidad de cubrir la justa deportiva. Los medios de difusión de todo el mundo publicaron la noticia de que se había registrado el choque más sangriento entre los estudiantes y las tropas del gobierno. Haciendo un análisis del desarrollo del periodismo de México durante la grave coyuntura del 68 nos hace conocer la clase de periodismo que se ejercía en el país en esa época, así como el papel que jugó durante los acontecimientos de julio a octubre de 1968 y ampliar la visión de la relación entre el periodismo, la sociedad y el sistema de gobierno de esos años.

Aunque la situación exigía por sí misma ser contada con veracidad, lo cual obligaba ética y responsabilidad en el manejo de la información que fluía, algunos medios estaban muy politizados. Con todo y la censura, se publicaron críticas dirigidas a las acciones de gobierno, pero fueron más abundantes las difamaciones hacia los jóvenes. Además de las partes involucradas, los periodistas terminaron colocándose en una u otra parte del conflicto, algunos actuando como victimarios o con encono hacia los manifestantes a través de la difamación.

Cada casa editorial que cubrió ese doloroso hecho de sangre en el México contemporáneo, traía una carga ideológica por lo que es necesario asentar que las expresiones en favor del movimiento y en defensa de los estudiantes quizá fueron políticamente correctas, pero no siempre fueron sinónimo de buen periodismo. Los estilos narrativos de las publicaciones periodísticas contribuyeron a crear estereotipos que marcaron la cultura política de la segunda mitad del siglo XX, que muchas veces derivó en una versión no objetiva de la noticia. Así mismo, el perfil de quienes en ese momento se ostentaban como dueños o directores de los periódicos, decidió la manera en que se le daría curso a la información a la sociedad.

Como ejemplos tenemos que El Sol de México, del Coronel García Valseca, El Heraldo de México de Gabriel Alarcón y el Novedades, propiedad de Rómulo O´Farril, con tendencias claramente derechistas, en sus páginas se encargaron de divulgar la idea de que el movimiento estudiantil era parte de una oleada de terror sangriento que se había desatado en el mundo y que eran parte de una conspiración que vendría a desestabilizar al gobierno. El Universal por su parte mantuvo un carácter oficial y de fidelidad a la voluntad presidencial. En conjunto estos diarios manejaron información cuestionable sobre las ideas infundadas del presidente Díaz Ordaz acerca de una conspiración de la cual los estudiantes eran instrumentos de otros individuos antigobiernistas que buscaban dañar a México y a la imagen del país en vísperas de los Juegos Olímpicos. El Excélsior, bajo la dirección de Julio Scherer García, quien había sido nombrado Director de ese diario en agosto del 68, se mostró neutral en su oficio noticioso hacia ambas partes involucradas en el conflicto, tal vez para no poner en juego un prestigio que apenas iba adquiriendo. Otro de los diarios fue El Día, dirigido por Enrique Ramírez y Ramírez, único entre los periódicos importantes que primeramente brindó un espacio favorable a las razones de los estudiantes, incluso llegó a publicar desplegados del Consejo Nacional de Huelga (CNH). Esto lo hizo hasta el 29 de agosto, fecha en que el gobierno lo empezó a reprender. En palabras de Gilberto Guevara Niebla: “El Día, que había mantenido una distancia decorosa ante los hechos, se abrió a capa y espada y desde el día 29 se negó a aceptar desplegados del CNH e inició una campaña de ataques abiertos y sistemáticos contra el estudiantado”.

En su antología periodística sobre el 68, la autora Aurora Cano Andaluz hace un fácil análisis de contenido de lo publicado en los diarios, agrupándolos en tres bloques según la opinión (a favor, en contra y neutra) sobre los estudiantes:

“El primero lo forman Excélsior y El Día, que muestran una marcada defensa de la causa estudiantil (48% y 57%), aunque con algunos artículos firmados en contra (9.5% y 7%), y también una cifra muy alta de los que hemos calificado como neutrales (43% y 36%). El segundo bloque lo integran El Sol de México, El Universal, Novedades y El Heraldo de México, que arrojan los siguientes números: en contra, 100%, 79%, 59% y 56% respectivamente; por lo que se ve, a favor del movimiento, El Sol de México no tiene ni siquiera uno. En cuanto a los artículos firmados que aparecen en estos cuatro diarios con una posición neutral, encontramos 24% en el Novedades, el 11% en El Heraldo, 7% en El Universal y ninguno en El Sol”.

El movimiento estudiantil se relaciona estrechamente con asuntos importantes del ejercicio periodístico. La libertad de expresión que conquistaron los estudiantes por mérito propio, evidenció  las fallas en el manejo de la información ya sea por su política  personal o por coerción con el gobierno. La reacción represiva del gobierno hizo que los diarios se activaran como voceros de la opinión pública. Algunos tomaron partido nombrando a los estudiantes de forma peyorativa, calificándolos de bandoleros, agitadores, rebeldes; otros defendieron el movimiento a conveniencia de sus creencias políticas de izquierda y sólo una minoría analizó la situación de una forma crítica hacia las dos partes del conflicto.

Se puede concluir que el panorama de la prensa mexicana a finales de la década de 1960 y su manejo de la información sobre los hechos del 68 debe ser entendido en el marco del México de ese tiempo, sin justificar las acciones del gobierno. El ejercicio del periodismo durante el sexenio de Díaz Ordaz estuvo plagado de actos de represión y censura en contra de los periodistas aunado a un bajo salario que propiciaba la coerción y que dio lugar al manejo de la información de una forma polarizada.