Mario Montijo de la Rocha: maestro de periodistas

Falleció Mario Montijo de la Rocha, uno de los últimos representantes del oficio de periodista en la era de la Galaxia Gutenberg. Lo conocía por sus artículos en diversos periódicos de los sesenta hasta prácticamente el día de su muerte. Tuve la fortuna de que el destino me deparara el encuentro con este maestro de periodistas a mediados de los ochenta, siendo Director de El Diario de Sinaloa, un medio informativo y de análisis que, bajo su égida, vivió acaso sus mejores tiempos.

Empecé entonces a escribir una columna semanal que más tarde se publicaría diariamente. Entre los columnistas de aquel entonces estaban, entre otros, Melchor Inzunza Cervantes, Liberato Terán Olguín, Humberto Millán, José Luis López Duarte, Sergio Jacobo Gutiérrez, el propio Mario y un joven al que veía por las tardes aporreando teclas en las viejas máquinas Remington de la sala de redacción del periódico, ubicado por la calle Antonio Rosales entre Ruperto L. Paliza y Jesús Andrade, en el primer cuadro de la ciudad de Culiacán, Geney Beltrán, ahora destacado ensayista, crítico y narrador.

Recuerdo a Sigfrido Bañuelos y Alejandro Mojica publicando uno de los pocos suplementos culturales de la época, llamado precisamente “El Suplemento”, siempre con la complicidad de Montijo, hombre abierto al libre juego de las ideas y la pluralidad. No fueron pocas las ocasiones en que convertimos nuestras columnas en verdaderas trincheras de combate para debatir consideraciones y propuestas en torno a la vida regional y la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Por aquellas fechas discutíamos la pertinencia de las opciones partidistas regionales, la cuestión de la democracia universitaria a propósito de nuestra oposición al llamado “voto unitario” como mecanismo de elección de las autoridades de la UAS, los problemas de la democracia en general en México y Sinaloa, entre otros temas todavía vigentes. En ningún momento recuerdo haber recibido de Mario un extrañamiento o la más mínima insinuación para modificar una opinión en mis comentarios públicos. Sí recuerdo, en cambio, el consejo del Director, del periodista experimentado y, ya entonces, del amigo al que jamás dejé de frecuentar como impresor, editor y, siempre, como un maestro generoso al que jamás dejaría de respetar y reconocer.

No fuimos pocos los bisoños tundemáquinas que recibimos las enseñanzas de Mario Montijo. Y hoy, desde esta publicación digital que es Aldea 21, lo despedimos con cariño y agradecimiento.

 

Ronaldo González Valdés,  Presidente del Consejo Editorial de Aldea21.