Por favor siéntase mal

Num. 10 | 2015 Luces y sombras

Rigoberto Camacho

Estamos en un tiempo en el que casi por regla es menester estar feliz, es menester compartir la sensación casi impuesta de que es un tiempo para alegrarse la vida, de compartir, de dar, darse y recibir. Y en teoría esto es más o menos cierto. Sin embargo ¿Qué pasa si no nos sentimos bien? ¿Qué pasa si la persona experimenta la emoción contraria a lo que la sociedad dicta?

Para responder estas interrogantes es preciso resolver otra ¿sobre qué base se clasifica una emoción como positiva o negativa? Se podría responder que sería positiva cuando:

  1. Me siento bien subjetivamente
  2. Aparecen en condiciones vitales favorables
  3. Tienen como consecuencia un resultado social positivo.

Por el contrario sería negativa cuando:

  1. La persona se sienta más mal que bien
  2. La emoción se base en condiciones causales desfavorables
  • La emoción tenga consecuencias sociales o personales negativas

Estos criterios pueden arrojar cierta luz respecto a la experiencia humana pero en realidad no sirven para nada, salvo para fragmentarla. La persona y la experienciación fenomenológica de su existencia es un cuanto continuo que la sociedad se empeña en disociar. La realidad no es ni blanca ni negra, ni buena ni mala. “Friedlander, ofrece la teoría de que todo evento se relaciona con un punto cero a partir del cual se realiza una diferenciación en opuestos. Estos opuestos manifiestan, en su concepto específico, una gran afinidad entre sí. Al permanecer atentos al centro, podemos adquirir una capacidad creativa para ver ambas partes de un suceso y completar una mitad incompleta. Al evitar una visión unilateral logramos una comprensión mucho más profunda de la estructura y función del organismo.”

Al ampliar la experiencia interna de sí mismo se tiene una concepción, por decirlo de alguna manera, más grande de sí mismo, porque no se excluyen aquellas realidades bajo la etiqueta de no yo, sino que se integran las polaridades en un único sujeto ya que -dentro de cada límite del ego encontramos las fuerzas cohesivas de la integración que llamamos lo bueno, y en el potro lado, las fuerzas destructivas de la agresión, que llamamos lo malo. ¿Por cuál de los dos lados es mejor optar? Definitivamente el pensamiento lineal nos ha hecho creer que es preciso decidir por uno de los lados para alcanzar la consistencia humana. Es una voz que dice: “es necesario que experimentes sólo lo positivo” (¿De quién es esa voz?). Empero, la mayor parte del tiempo se experimentan ambos lados, es decir, lo positivo y lo negativo. Y esto enriquece el rango de las posibilidades de la persona. De hecho, mientras más se intente identificarse con uno de los lados, más se vivencia el otro. Si se debe ser fuerte y dominante en todas las situaciones, significa que se está siempre sintiendo la debilidad potencial y cuidándose de ella. La resolución está en experimentar la bondad y la maldad, el dominio y la sumisión, lo positivo y lo negativo. Se puede disfrutar el ying o el yang de los opuestos o experimentarlo como un equilibrio unificado que se denomina, sencillamente, capacidad de darse cuenta. En la medida que el ying y el yang interactúan, nuestra conciencia se hace rica, impredecible y sorprendente. En resumidas cuentas, se expanden las fronteras del yo al reconocer aquellas partes de uno mismo que se tenían alienadas.

Es importante experienciar las vivencias aparentemente positivas y aparentemente negativas ya que evitar mirar una parte de la realidad nos lleva  a clausurar una parte de nuestro ser.

El empuje social hacia la actitud positiva ha llegado a ser tiránico, parece que somos cada vez menos capaces de aceptar que a veces es saludable sentirnos mal como respuesta a las circunstancias de la vida, y tendemos a interpretar el sentirse mal como patológico bajo cualquier circunstancia, cuando en realidad es un aspecto de nuestro mismo ser que necesita ser integrado. Así que por favor, siéntase mal, solo, triste, desamparado, derrotado, angustiado, deprimido, desolado, pero ¡Siéntase! ¡Experiméntese! Tome conciencia de sí mismo en la riqueza y multiplicidad de lo que usted mismo es. La tiranía de la actitud positiva puede contribuir paradójicamente a reducir el bienestar subjetivo, precisamente lo que quiere fomentar. La creciente presión para ser felices y risueños, para sonreír y mirar siempre el lado positivo de la vida puede hacer más daño que bien. Si te sientes mal por algo y no puedes poner una cara feliz aunque lo intentes, no lo hagas, porque si lo haces, puedes llegar a sentirte incluso peor.

Vivir no es una enfermedad. Y sentirse mal tampoco.

Semblanza:

Doctorante en Ciencias del Acompañamiento Humano con el proyecto de investigación: Actualización de valor Humano Agregado en las empresas.

Maestro en terapia gestalt (INTEGRO) y Ciencias de la Familia (Universidad de Anáhuac) Licenciado en Filosofía (IESVP)

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Written by Redacción