Sobre Habitante: Del mundo soy

Num 18 Sinaloa y su porvenir

Rigoberto Camacho Corrales

Hace algún par de meses me he encontrado con una página de Facebook titulada “Habitante” cuyo contenido me ha hecho recordar el artículo que escribí para Aldea 21 en el 2015 titulado “Sólo algo bueno puede llegar a ser malo”: En él externaba una preocupación particular:

“De la maldad [humana] se ha dicho mucho, se podría decir que el hombre postmoderno consume maldad y ha construido una serie de relatos (visuales, auditivos o multimedia si se prefiere) para saciar esa necesidad construida. Es [imperativo] recuperar el discurso olvidado sobre lo bueno del hombre, mostrar la bondad del hombre al hombre mismo porque es peligroso hacerle ver hasta qué punto él mismo es malo (parafraseando a Pascal) sin mostrarle, en la misma o mayor medida, su grandeza: si el hombre puede llegar a ser profundamente malo, es porque en esencia es profundamente bueno” (Camacho R. 2015, recuperado de: http://aldea21.mx/2015/06/10/solo-algo-bueno-puede-llegar-a-ser-malo/)

Ese artículo cerraba con una demanda muy concreta: “Es importante abrirle escenarios [a la bondad humana] y encender los reflectores para proclamar aquella verdad oculta sin motivo aparente” (Camacho R. 2015).

He encontrado en esta página de Facebook esperanza y una respuestas a las inquietudes que planteaba: “Habitante” es un contrapeso a la narrativa distorsionada sobre la persona; recupera el discurso olvidado, ignorado y hasta oculto (de manera intencional) sobre lo bueno del hombre.

Es interesante cómo los creadores (no sé si con conciencia explícita) han logrado acceder a la grandeza de la persona desde la experiencia de la vivencia particular tal como se vive. Han conseguido situar a los lectores en un contacto directo y primitivo con el mundo ¿cómo lo han hecho? De una manera muy simple (no podía ser de otra manera): mostrando historias.

Habitante sirve de medio para que las personas, a través de sus propios relatos emanados de sus experiencias particulares, exterioricen la bondad humana que se vive en el mundo de lo cotidiano:

“El valor del que sale de su casa a buscar un mejor futuro para él y los suyos, del que canta, del que baila, del que juega, del que celebra, del que pinta; pero también del que sufre, del que llora, del que se siente perdido, del que está dolido, del que siente su humanidad herida”.

Me alegra sobremanera haber encontrado este esfuerzo que invita a contemplar las fascinantes variedades y sutilezas de la experiencia humana en todas sus complejidades, insondables profundidades, ricos detalles, sobrecogedoras perturbaciones y atractivos encantos.

Gran parte del tiempo no reflexionamos sobre nuestras vivencias, simplemente las “damos-por-hecho”. Damos-por-hecho que las cosas están mal, que debemos soportar la violencia, la corrupción, la impunidad. Pero aún más preocupante es que damos-por-hecho que somos humanos, que necesitamos cariño, afecto, seguridad, contacto físico, compañía, que necesitamos establecer relaciones de verdadera alteridad. Habitante tira del manto que cubre la bondad humana e ilumina el diario vivir para recuperar el esplendor de las existencialidades humanas. “Soy hombre y todo lo que le es propio al hombre no me es indiferente” refirió Heráclito, tal vez esta sea la clave que ha logrado conjuntar a un gran número de personas convirtiéndolas en una verdadera comunidad que vibra con la humanidad del otro.

“La vida no es lo que pienso, sino lo que vivo” refirió M. Ponty. La persona debe recuperar el lugar activo en su existencia [compartida] por que, ha decir de ellos, “todos somos habitantes”, y tienen razón, si atendemos a la etimología de la palabra haberetener, todos poseemos [y compartimos] la humanidad.

Tal es mi opinión y he querido compartirla. Al final cada quién se forjará la suya. Pueden encontrar la página buscando Habitante y tal vez puedan sumarse a su creciente comunidad.

Written by Redacción